La salud mental juvenil vuelve a situarse en el centro del debate educativo en España ante el aumento de ansiedad, insomnio y dificultades de concentración entre estudiantes de Bachillerato durante el segundo trimestre. Expertos en psicología advierten de la necesidad de dotar a los adolescentes de herramientas emocionales para gestionar la presión académica.
La temporada de exámenes vuelve a poner en primer plano la salud mental de los adolescentes y jóvenes en España. A medida que avanza el segundo trimestre, psicólogos, orientadores y docentes detectan un aumento significativo de episodios de ansiedad, dificultades de concentración y alteraciones del sueño entre estudiantes de Bachillerato y etapas preuniversitarias.
La presión académica no solo se traduce en más horas de estudio. También implica una carga emocional cada vez mayor para una generación que compagina altas expectativas educativas con un entorno saturado de estímulos digitales y sociales.
Los datos respaldan esta percepción. Según el Estudio Internacional de Salud Mental 2025 del Grupo AXA, el 70% de los jóvenes de entre 18 y 24 años en España afirma sufrir estrés, mientras que un 23% reconoce padecer problemas de ansiedad.
El fenómeno no se limita a la población universitaria. El informe longitudinal EMOChild, centrado en salud emocional en menores, sitúa la prevalencia de síntomas de ansiedad entre adolescentes entre el 20,5% y el 26%, confirmando que el malestar emocional se ha convertido en una realidad creciente en las etapas educativas previas a la universidad.
Ansiedad, insomnio y saturación mental: señales de alerta
Especialistas en psicología educativa señalan que el estrés académico puede manifestarse de múltiples formas. Entre las más habituales destacan:
- Dificultades de concentración durante el estudio
- Sensación constante de presión o miedo al fracaso
- Problemas de sueño o insomnio antes de exámenes
- Irritabilidad o cambios de humor
- Bloqueo mental durante pruebas evaluativas
Aunque el estrés moderado puede funcionar como un mecanismo adaptativo que mejora el rendimiento, cuando la presión supera la capacidad de afrontamiento del estudiante se transforma en ansiedad, una respuesta emocional que puede bloquear el aprendizaje y deteriorar el bienestar psicológico.
En este contexto, cada vez más centros educativos comienzan a reforzar programas de educación emocional y gestión del estrés dirigidos a estudiantes.
Educación emocional en el aula: una herramienta contra el estrés académico
Algunos colegios y centros educativos están incorporando sesiones específicas para ayudar a los alumnos a desarrollar habilidades de regulación emocional y hábitos de estudio saludables.
La psicóloga Blanca Fernández Tobar, doctora en Psicología clínica, forense y de la salud y especialista en ansiedad, impartió recientemente una sesión formativa para estudiantes de Bachillerato en el Highlands School El Encinar, orientada a proporcionar herramientas prácticas para afrontar la presión de los exámenes.
Durante el encuentro, la experta explicó la diferencia entre estrés y ansiedad, subrayando que el estrés puede ser útil si se gestiona correctamente, mientras que la ansiedad surge cuando la presión supera los recursos psicológicos del estudiante.
“El objetivo no es eliminar el estrés, sino aprender a reconocerlo y gestionarlo antes de que se convierta en un problema que interfiera en el estudio”, explicó la especialista.
Cinco claves para gestionar el estrés durante los exámenes
A partir de su experiencia clínica y educativa, Fernández Tobar propone cinco estrategias prácticas para ayudar a los estudiantes a mantener el equilibrio emocional durante los periodos de evaluación.
1. Reducir la exposición al móvil durante el estudio
Las interrupciones constantes provocadas por notificaciones, redes sociales o mensajes fragmentan la atención y reducen la capacidad de concentración.
Diversos estudios sobre neurociencia cognitiva indican que el cerebro necesita varios minutos para recuperar el nivel de atención tras una distracción digital, lo que convierte al móvil en uno de los principales enemigos del estudio eficaz.
2. Establecer ciclos realistas de estudio y descanso
El estudio prolongado sin pausas provoca fatiga mental y disminuye la retención de información.
Los expertos recomiendan trabajar en bloques de concentración de entre 40 y 50 minutos, seguidos de pausas breves que permitan recuperar la energía cognitiva.
3. Priorizar el sueño como herramienta académica
Dormir alrededor de ocho horas diarias es fundamental para consolidar los contenidos aprendidos.
Durante el sueño, el cerebro reorganiza la información adquirida durante el día, refuerza la memoria y regula las emociones, factores clave para el rendimiento académico.
4. Utilizar técnicas activas de aprendizaje
Las estrategias de estudio que implican participación activa del estudiante resultan significativamente más eficaces que métodos pasivos como subrayar o copiar apuntes.
Entre las técnicas recomendadas destacan:
- Mapas mentales
- Explicación del contenido con la técnica de Feynman
- Memorización activa mediante preguntas
- Resolución práctica de ejercicios
Estas metodologías favorecen la comprensión profunda y reducen la sensación de saturación.
5. Evaluar cómo se estudia, no solo cuánto
Muchos estudiantes interpretan el esfuerzo académico únicamente en términos de horas dedicadas.
Sin embargo, revisar los hábitos de estudio, adaptar las técnicas de aprendizaje y reconocer señales de agotamiento puede marcar la diferencia entre estudiar de forma productiva o caer en dinámicas de frustración.
Más que aprobar: aprender a gestionar la presión
Los especialistas coinciden en que la gestión emocional es una competencia clave para el futuro académico y profesional de los jóvenes.
Más allá de mejorar las calificaciones, estos programas buscan que los estudiantes desarrollen habilidades para afrontar situaciones de presión, tomar conciencia de sus hábitos y construir una relación más saludable con el aprendizaje.
“No se trata de estudiar más, sino de estudiar de forma consciente y cuidar cómo nos sentimos mientras lo hacemos. Eso es lo que realmente potencia el aprendizaje”, explican los expertos en educación emocional.
La salud mental juvenil, un reto creciente
Las cifras sobre estrés y ansiedad entre jóvenes reflejan una tendencia que preocupa a psicólogos, docentes y familias.
Sin embargo, la experiencia de los programas educativos centrados en bienestar emocional demuestra que intervenir a tiempo puede marcar una diferencia significativa en la forma en que los adolescentes afrontan los retos académicos.
En un contexto educativo cada vez más exigente, enseñar a los jóvenes a gestionar la presión no solo mejora su rendimiento escolar: también contribuye a proteger su salud mental a largo plazo.
Enlaces recomendados
- Organización Mundial de la Salud – Salud mental juvenil
https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health - Ministerio de Educación – Bienestar emocional en estudiantes
https://www.educacionyfp.gob.es - UNICEF España – Salud mental en adolescentes
https://www.unicef.es