“A la escuela le sobran asignaturas, le sobran estándares, le sobra burocracia, le sobra jerarquía”, Mar Romera

Almudena Álvarez/Foto y texto


La pedagoga y experta en inteligencia emocional Mar Romera visitó Palencia para participar en varias actividades organizadas por el sindicato ANPE, centradas en la innovación y el liderazgo educativo.

Licenciada en Pedagogía y Psicopedagogía, presidenta de la Asociación Pedagógica Francesco Tonucci y autora de numerosos libros de referencia, Romera mantiene un discurso directo, crítico y profundamente comprometido con los derechos de la infancia. Durante su visita a Palencia no ofreció recetas cerradas ni soluciones mágicas. Interpeló al sistema, a los adultos y a la propia escuela desde la convicción de que “el sistema educativo necesita un revulsivo total, donde coloquemos a los peques, a los niños y niñas, en el centro del sistema, y no a todo lo demás”.

Ese es el mensaje esencial que Mar Romera trasladó en su visita a Palencia. Un mensaje que va dirigido tanto al profesorado como al conjunto de la comunidad educativa.

Agotamiento docente y una escuela descontextualizada

“si metemos una lancha fuera borda en una carretera de montaña, es un desastre. La carretera es preciosa y la lancha es un maquinón, pero no funcionan juntas porque están desajustadas en todo y no podemos culpar ni a la montaña ni a la lancha, sino la mezcla”

Para la pedagoga, el profesorado atraviesa un momento especialmente delicado y necesita algo más que discursos bienintencionados: “el profesorado necesita un apoyo incondicional para tomar decisiones muy serias. Retomar la ilusión y hacer que quienes no son docentes de profesión y de educación lo dejen, y quienes son docentes de verdad se sientan cuidados”.

Lo dice desde una posición personal muy clara, construida sin etiquetas y “a pulmón”, tras haber hipotecado su vida en la defensa de los derechos de la infancia. Reivindica la libertad de pensamiento y denuncia una educación atrapada en trincheras ideológicas y etiquetas. Frente a ello, ofrece una mirada que apela a la ilusión, al optimismo y a la honestidad desde el convencimiento de que “no se puede ser docente, ni se puede trabajar con infancia si eres pesimista”.

Reconoce que uno de los temas que más preocupación genera en los centros educativos es el aumento del agotamiento emocional, el estrés y las bajas laborales entre el profesorado. Para Romera, no se trata de señalar culpables, sino de entender el problema desde la perspectiva. Por eso advierte que “esto no va de culpar ni al profesorado ni al alumnado, va de que estamos descontextualizados, desencajados y hemos perdido el norte”. La pedagoga utiliza una metáfora muy gráfica para explicarlo: “si metemos una lancha fuera borda en una carretera de montaña, es un desastre. La carretera es preciosa y la lancha es un maquinón, pero no funcionan juntas porque están desajustadas en todo y no podemos culpar ni a la montaña ni a la lancha, sino la mezcla”

Eso es, a su juicio, lo que ocurre hoy en una escuela con un sistema educativo prácticamente idéntico al de hace un siglo, que sigue pidiendo lo mismo a un alumnado que vive en un mundo radicalmente distinto. “¿En qué otra profesión ha pasado esto?”, se pregunta, mientras denuncia que la escuela siga funcionando hoy con lógicas del pasado, centrada casi exclusivamente en la instrucción y el aprendizaje de contenidos, cuando la realidad social, cultural y emocional de niños y adolescentes ha cambiado por completo.

Aprender, cuidar e incluir: los verbos olvidados de la escuela

En este contexto, Romera lanza una de sus afirmaciones más provocadoras cuando afirma que “hoy el sentido de la escuela no es el aprendizaje” sino que tiene una misión mucha más amplia y es más necesaria que nunca. “Si yo hablara de cuáles son los verbos fundamentales que habría que tener presentes en la escuela, uno sería aprender, claro que sí, pero este se complementa con cuidar y con incluir”, explica. Cuidar de uno mismo, de los demás y del planeta; incluir a todos los niños y niñas en una sociedad cada vez más compleja y globalizada.

En este sentido, Romera subraya la necesidad de recuperar la idea de tribu porque “el ser humano necesita tribu y el único lugar donde puede existir la tribu es la escuela”. Una tribu que no solo instruya, sino que acompañe emocionalmente y sostenga.

Reconoce no obstante que los centros están desbordados y aunque hay profesionales que sostienen el sistema desde la vocación, se sienten solos y presionados por indicadores, estándares y burocracia. “A la escuela le sobran asignaturas, le sobran estándares, le sobra burocracia, le sobra jerarquía”, afirma sin rodeos. Lo que falta, a su juicio, es “autonomía pedagógica y profesionalidad de los equipos directivos”, para poder intervenir de forma local y adaptada a cada contexto.
Enseñar a preguntar
Es cierto que hoy el contexto educativo, como la sociedad, está lleno de desafíos, la salud mental de la infancia y adolescencia, el acoso en las aulas, la tecnología, las redes sociales, la inteligencia artificial… pero considera que la base para ir respondiendo a cada uno y a todos, está en una escuela responsable que enseñe a preguntar.
Sobre el acoso escolar, Romera huye de simplificaciones. Reconoce que siempre ha existido, pero advierte de que el sufrimiento actual es distinto porque “nuestros niños y niñas están tremendamente débiles, desolados, rotos, tristes”. La sobreprotección, el sobreregalo, la falta de límites y un modelo de crianza que no permite superar dificultades están en la base del problema. “El cerebro humano está prototipado para superar retos y no se lo permitimos”, afirma.

También hay que tener en cuenta que muchas veces “el acoso escolar empieza en la familia, en el barrio, y se gesta a través de la falta de acompañamiento de los docentes”, en un sistema que no cuida ni incluye, ni a la víctima ni al agresor, advierte.

Sobre el uso de pantallas y redes sociales defiende una postura basada en la neurociencia y la responsabilidad adulta. “Un bebé no debería saber que las pantallas existen hasta los 3 años y hasta los 6 años, un peque no debería tener un artefacto digital individual en su mano nunca”.

Lejos de demonizar la tecnología, Romera considera que avances como la inteligencia artificial pueden ser grandes aliados si se usan con criterio. “No tendría ningún sentido que un docente en activo en 2025 no utilice la IA, pero él o ella, no el peque”. El verdadero reto, dice, no está en el dispositivo, sino en la capacidad de preguntar, insiste mientras subraya que todavía hoy la escuela es un lugar pensado para contestar y eso es un gran error. “La escuela debe ser un lugar pensado para preguntar”.

Romera no oculta que el cambio exige valentía por parte de los maestros y un sistema que empodere la función docente y deje de echar balones fuera. “La educación obligatoria no está para aprobar y suspender, está para desarrollar al máximo las capacidades de los niños”. Para ello, reclama menos competitividad, menos fragmentación territorial y más autonomía real asegurando que “todo lo demás es un juego”.

Por eso, cuando se le pregunta por el modelo de escuela que necesita hoy la socieda, Romera lo tiene claro: una escuela que escuche, que acompañe y que enseñe a cuidar y a preguntar.