Especialistas recomiendan priorizar el descanso, la organización y la gestión emocional para afrontar la recta final de la selectividad
Con la llegada de junio, miles de estudiantes afrontan la cuenta atrás hacia la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), una etapa marcada por jornadas intensivas de estudio, presión académica y una elevada carga emocional. Más allá de evaluar conocimientos, los exámenes ponen también a prueba la capacidad de gestionar la ansiedad y la incertidumbre ante el futuro académico.
Especialistas en orientación psicopedagógica insisten en que el estrés no siempre es negativo y recuerdan que, bien canalizado, puede convertirse en una herramienta útil para mejorar el rendimiento y la concentración.
“Es completamente normal experimentar cierto grado de estrés y ansiedad en estas semanas. El error es interpretarla como algo negativo en lugar de entender que forma parte del proceso”, explica Ángel Ubach.
Dormir bien y evitar el estudio nocturno
Uno de los principales errores en esta etapa es reducir las horas de sueño para dedicar más tiempo al estudio. Sin embargo, los expertos recuerdan que el descanso resulta fundamental para la memoria, la atención y el equilibrio emocional.
Dormir alrededor de ocho horas diarias y mantener hábitos saludables favorece la capacidad de concentración y disminuye el riesgo de bloqueos o episodios de ansiedad durante los exámenes.

Organización realista y pausas necesarias
La planificación del tiempo aparece como otra de las herramientas fundamentales para reducir la sensación de descontrol. Los especialistas recomiendan establecer horarios realistas, organizar el estudio por asignaturas y priorizar aquellas materias que requieren un mayor esfuerzo.
También defienden la importancia de introducir descansos, actividad física y momentos de desconexión para evitar la saturación mental. Según los expertos, alternar esfuerzo y recuperación ayuda a reducir el estrés y mejora el rendimiento académico.
Técnicas activas frente al estudio pasivo
Los psicólogos recomiendan abandonar métodos basados únicamente en releer apuntes y apostar por técnicas activas que obliguen al cerebro a recuperar información.
Entre las estrategias más eficaces destacan la autoevaluación, las tarjetas de preguntas y la repetición espaciada, herramientas que ayudan a consolidar conocimientos y combatir el olvido.
Gestionar la incertidumbre y rebajar la autoexigencia
Gran parte de la ansiedad vinculada a la PAU nace de la necesidad de control y del miedo al fracaso. Los especialistas aconsejan centrar la atención en aquello que sí depende del estudiante, como la organización, los hábitos y el esfuerzo personal.
Técnicas de respiración, relajación y mensajes internos positivos pueden ayudar a reducir la activación emocional durante los días previos a las pruebas.
Además, recuerdan la importancia de normalizar los nervios y apoyarse en el entorno cercano cuando la presión aumenta.
Pedir ayuda también forma parte del proceso
Aunque un cierto nivel de estrés resulta habitual en este tipo de situaciones, los especialistas advierten de que, cuando la ansiedad llega a bloquear el funcionamiento diario, es recomendable buscar apoyo profesional.
La gestión emocional se ha convertido así en una herramienta tan importante como el propio estudio del temario para afrontar una de las pruebas más exigentes y determinantes en la vida académica de miles de jóvenes.