Un estudio de ODA e Injuve detecta una presencia elevada de personajes de entre 13 y 30 años en las producciones españolas, acompañada de estereotipos, sexualización y una escasa atención a la vivienda, la precariedad laboral o la salud mental.
El audiovisual español ha mostrado durante 2024 una presencia numerosa de personajes jóvenes, aunque alejada de la diversidad y las preocupaciones reales de esta población. El estudio La representación de las juventudes en el audiovisual español, elaborado por el Observatorio de la Diversidad en los Medios Audiovisuales junto al Instituto de la Juventud, concluye que las películas y series reproducen una mirada adulta que simplifica sus experiencias y apenas aborda sus principales problemas.
La investigación cifra en un 31,6% la proporción de personajes de entre 13 y 30 años presentes en las producciones españolas analizadas. Esta representación cuantitativa supera el peso demográfico de esas edades, pero no se traduce en narrativas capaces de reflejar la pluralidad social, económica, corporal o cultural de las juventudes.
El informe identifica una distancia entre la frecuencia con la que aparecen jóvenes en pantalla y la profundidad con la que se construyen sus historias. La precariedad laboral, las dificultades de acceso a la vivienda y los problemas de salud mental ocupan un lugar limitado, mientras que las relaciones sexuales y el deporte atraviesan buena parte de las tramas.
Más personajes jóvenes, pero menos diversidad
La sobrerrepresentación numérica detectada por ODA e Injuve no garantiza una imagen fiel de la juventud española. Las ficciones conceden espacio a los personajes jóvenes, aunque suelen situarlos dentro de relatos definidos desde perspectivas adultas y apoyados en modelos de comportamiento reconocibles.
La directora del Instituto de la Juventud, Margarita Guerrero, ha señalado que el audiovisual “crea narrativas y marcos que contribuyen a la percepción social”, aun cuando su función no consista en reproducir literalmente la realidad.
En el caso de las juventudes, Guerrero ha advertido de que predomina una visión “adultocéntrica y llena de prejuicios”. A su juicio, una representación capaz de incorporar mejor las diferencias existentes entre las personas jóvenes contribuiría a construir una sociedad “más justa e inclusiva”.
La desconexión no reside, por tanto, en la ausencia de personajes, sino en la mirada desde la que se definen sus aspiraciones, conflictos y relaciones. El volumen de apariciones convive con una representación limitada de las condiciones materiales que influyen en sus proyectos de vida.

Vivienda, empleo y salud mental quedan fuera de foco
El estudio destaca la escasa presencia de algunos de los asuntos que condicionan de forma más directa la emancipación juvenil. Las dificultades para acceder a una vivienda, la inestabilidad laboral y la salud mental apenas estructuran las tramas, pese a ocupar una posición central en la vida de numerosos jóvenes.
La omisión reduce la capacidad de las ficciones para mostrar cómo las desigualdades económicas influyen en las decisiones personales, las relaciones familiares o la posibilidad de desarrollar una vida independiente. Los personajes pueden aparecer con frecuencia sin que sus historias reflejen las barreras que atraviesan fuera de la pantalla.
El audiovisual interviene en la construcción de imaginarios colectivos y en la forma en que la sociedad interpreta una etapa vital. La repetición de determinadas conductas o perfiles termina asociando la juventud con un conjunto restringido de rasgos, mientras deja en segundo plano sus diferencias territoriales, sociales y económicas.
Esta simplificación afecta también a la manera en que se entienden las responsabilidades públicas. Al desvincular los conflictos juveniles de factores estructurales, las narraciones pueden presentarlos como experiencias individuales relacionadas únicamente con las decisiones o capacidades de cada personaje.
La presencia juvenil no transforma los relatos
La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, ha defendido durante la presentación del estudio que la incorporación de las personas jóvenes debe modificar también la forma de construir los relatos audiovisuales.
El reto consiste en “permitir que la presencia de la juventud modifique las formas, no invitarla a ocupar un pequeño lugar dentro de formas ya establecidas”, ha afirmado.
Rego ha distinguido entre una representación que amplía voces y otra que mantiene intactas las relaciones de poder. “Existe una visibilidad que ilumina, pero también existe una visibilidad que atrapa, que expone sin escuchar, que incluye sin redistribuir o que muestra sin permitir hablar políticamente”, ha explicado.
La ministra ha definido esta situación como “la trampa de la representatividad vacía”, que permite a determinados colectivos “parecer presentes mientras se permanece subordinadas a la mirada de otros”.
El análisis plantea así una diferencia entre aparecer en pantalla y participar en la construcción del relato. La representación adquiere mayor profundidad cuando los personajes cuentan con capacidad de decisión, expresan sus propios conflictos y escapan de las funciones narrativas asignadas por perspectivas externas.
El deporte refuerza determinados cánones corporales
El deporte aparece como uno de los contenidos transversales de las ficciones analizadas. El informe relaciona este crecimiento con la expansión de discursos que sitúan la salud y el ejercicio físico dentro de una lógica individual, vinculada al autocuidado, el rendimiento y la responsabilidad personal.
Esta representación favorece la exhibición de cuerpos ajustados a determinados cánones de belleza y reduce la presencia de corporalidades alejadas de esos modelos. La práctica deportiva puede funcionar como elemento de desarrollo de los personajes, aunque también como mecanismo para normalizar una imagen física concreta.
La reiteración de cuerpos jóvenes, delgados y entrenados condiciona la percepción sobre qué apariencias encuentran reconocimiento social. La diversidad corporal queda así limitada, especialmente cuando las tramas asocian el éxito, la aceptación o la capacidad de relacionarse con el cumplimiento de esos estándares.
El estudio invita a observar el deporte más allá de su función narrativa inmediata. Su representación puede incorporar dimensiones colectivas, comunitarias y sociales o quedar reducida a una herramienta de transformación individual relacionada con la apariencia y el rendimiento.
Las relaciones sexuales concentran parte de las tramas
Las relaciones sexuales constituyen el otro gran contenido transversal señalado por la investigación. El audiovisual concede una relevancia destacada a la sexualidad juvenil, circunstancia que contribuye a intensificar la sexualización de los personajes.
El estudio recuerda que el 53,5% de las personas jóvenes tiene su primera experiencia sexual entre los 15 y los 18 años. La presencia de esta dimensión responde, por tanto, a una realidad existente, aunque su tratamiento puede ofrecer una imagen parcial cuando desplaza otras experiencias o convierte la sexualidad en un rasgo dominante.
La cuestión no se limita al número de escenas o argumentos, sino a la perspectiva desde la que se narran. La construcción de los deseos, el consentimiento, las relaciones afectivas, las inseguridades y las distintas orientaciones e identidades determina si la ficción amplía el conocimiento o reproduce estereotipos.
Una representación concentrada en determinados cuerpos y modelos de relación puede reforzar expectativas sociales sobre la forma en que las personas jóvenes deberían vivir su sexualidad. La diversidad de experiencias pierde presencia cuando las tramas repiten patrones homogéneos.
El audiovisual interviene en la percepción social
ODA e Injuve plantean el estudio como una herramienta para abrir el debate sobre la capacidad de intervención social del cine y las series. Las obras audiovisuales construyen marcos desde los que el público interpreta las edades, los comportamientos y los conflictos de cada generación.
La directora de investigación de ODA, Paula Serna, participó en la presentación junto al actor Álex Mola y la actriz y escritora Asaari Bibang. La presencia de profesionales de la interpretación permitió incorporar al análisis la experiencia de quienes trabajan en la creación y representación de los personajes.
El informe apunta a la necesidad de incorporar una mayor diversidad delante y detrás de las cámaras. La participación juvenil en la escritura, la dirección, la producción y la toma de decisiones puede contribuir a crear relatos menos dependientes de estereotipos y más próximos a la complejidad de sus experiencias.
La investigación sitúa el desafío en pasar de una visibilidad basada en el número de personajes a una representación capaz de modificar las narrativas. Las juventudes aparecen de forma habitual en las pantallas españolas, aunque todavía encuentran dificultades para explicar desde ellas sus condiciones de vida, sus diferencias y sus expectativas.