La UVa acogerá del 30 de septiembre al 2 de octubre el Congreso Internacional de Filosofía Joven sobre la noción de persona

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El LVIII Congreso Internacional de Filosofía Joven reunirá los días 30 de septiembre, 1 y 2 de octubre distintas perspectivas sobre la identidad, la subjetividad y la condición humana en la sociedad digital.

La Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid acogerá los días 30 de septiembre, 1 y 2 de octubre de 2026 el LVIII Congreso Internacional de Filosofía Joven, que se celebrará bajo el título «Enigmas filosóficos. Ser persona hoy».

El encuentro, organizado por el Departamento de Filosofía de la UVa con la colaboración de la propia Facultad, analizará la vigencia y las transformaciones de la noción de persona en un contexto marcado por la inteligencia artificial, la digitalización, la nanotecnología y las nuevas formas de relación social.

La noción de persona vertebra el congreso

La convocatoria parte de una pregunta central: qué significa dirigirse a alguien como persona en el siglo XXI. El término reúne dimensiones filosóficas, jurídicas, políticas, religiosas y morales que han cambiado a lo largo de la historia y continúan condicionando la forma de comprender al individuo.

El congreso propone revisar esos significados y estudiar cómo se modifican ante los avances tecnológicos, los cambios culturales y las nuevas formas de construir la identidad. La persona aparece así como una categoría abierta, atravesada por diferentes interpretaciones y sometida a una discusión permanente.

La reflexión abordará tanto la condición humana como los modos en los que cada individuo se presenta ante los demás. La identidad, el reconocimiento, la responsabilidad y la relación entre apariencia y realidad forman parte de los interrogantes planteados por la organización.

Nietzsche introduce el debate sobre apariencia e identidad

La presentación del congreso toma como punto de partida un fragmento de Friedrich Nietzsche incluido en Humano, demasiado humano. El filósofo analiza cómo una representación mantenida de forma continuada puede terminar integrándose en la propia manera de ser.

La referencia al comediante, al hipócrita y a la máscara permite plantear la relación entre el papel que una persona desempeña y la identidad que acaba construyendo. El texto sugiere que la repetición de determinadas actitudes puede transformar la apariencia en conducta estable.

Esta reflexión adquiere una nueva dimensión en un tiempo en el que las personas mantienen perfiles digitales, seleccionan la imagen que muestran y participan en distintos espacios mediante identidades físicas y virtuales.

La máscara como parte de la personalidad

La cuestión de la apariencia ha acompañado a la filosofía desde la Antigüedad. El concepto de persona mantiene incluso una relación histórica con la máscara utilizada en el teatro, desde la que se proyectaba una voz y se representaba un personaje.

El congreso recupera esa conexión para examinar hasta qué punto las identidades actuales responden a una realidad interior o se forman mediante los papeles adoptados en la vida social.

Las plataformas digitales han ampliado esta tensión. Una misma persona puede configurar versiones diferentes de sí misma en el trabajo, las redes sociales, las relaciones familiares o los entornos virtuales, sin que esas representaciones resulten necesariamente falsas.

La tecnología modifica la experiencia humana

La denominada sociedad de la información ha incorporado conceptos como inteligencia artificial, computación en la nube, internet de las cosas o cuarta revolución industrial al lenguaje cotidiano.

Estas tecnologías han transformado la comunicación, el trabajo, la educación, el consumo y el acceso al conocimiento. También han introducido preguntas sobre la autonomía, la privacidad, la memoria, la responsabilidad y los límites entre las decisiones humanas y los procesos automatizados.

El congreso analizará cómo esos cambios afectan a la idea de persona. La presencia de sistemas capaces de producir textos, imágenes, diagnósticos o recomendaciones obliga a reconsiderar qué capacidades se consideran específicamente humanas y qué valor se concede a la conciencia, la intención o la experiencia.

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La inteligencia artificial abre nuevos interrogantes

La expansión de la inteligencia artificial ha intensificado el debate sobre la diferencia entre una persona y una entidad capaz de imitar determinadas formas de comunicación.

Una máquina puede mantener una conversación, reconocer rostros o anticipar comportamientos a partir de grandes cantidades de datos. Estas funciones plantean cuestiones filosóficas acerca de la comprensión, la voluntad, la creatividad y la responsabilidad de los sistemas técnicos.

El problema trasciende la posibilidad de atribuir personalidad a una tecnología. También afecta a las personas cuyas decisiones son evaluadas o condicionadas por algoritmos en ámbitos como el empleo, la sanidad, el crédito, la seguridad o la educación.

La reflexión filosófica permite analizar quién responde por esas decisiones, qué margen conserva el individuo y cómo deben protegerse su dignidad y sus derechos.

Identidad y datos personales

La vida digital ha convertido los datos en una representación parcial de cada individuo. Historiales de navegación, ubicaciones, preferencias, relaciones y patrones de consumo forman perfiles utilizados por empresas e instituciones.

Esta traducción de la persona a información cuantificable facilita la prestación de servicios, aunque también puede reducir una biografía compleja a categorías estadísticas.

El congreso ofrece un marco para estudiar la distancia entre el sujeto y su perfil, así como las consecuencias de que una parte creciente de la identidad pública dependa de registros creados, almacenados e interpretados por terceros.

Una noción con dimensiones jurídicas y políticas

La condición de persona determina el acceso a derechos y obligaciones dentro de una comunidad. El derecho utiliza esta categoría para reconocer capacidad jurídica, responsabilidad, protección y participación social.

La filosofía política, por su parte, examina quién puede intervenir en la vida común, cómo se construye la ciudadanía y qué criterios permiten considerar a alguien miembro pleno de una sociedad.

Las transformaciones tecnológicas y biomédicas reabren estos debates. La edición genética, la reproducción asistida, las prótesis avanzadas, la prolongación de la vida y la interacción entre seres humanos y máquinas plantean escenarios que requieren revisar categorías heredadas.

El congreso permitirá abordar estas cuestiones desde perspectivas diferentes, sin reducir la idea de persona a una definición única.

El pensamiento moral examina la responsabilidad

Ser persona implica también responder por los propios actos y reconocer a los demás como sujetos con intereses, necesidades y derechos.

La atribución de responsabilidad resulta más compleja cuando una decisión depende de sistemas automatizados, estructuras empresariales, procesos colectivos o tecnologías cuyo funcionamiento resulta difícil de interpretar.

La filosofía moral estudia qué elementos permiten considerar libre una acción, hasta qué punto el contexto condiciona las elecciones y cómo deben distribuirse las consecuencias entre quienes diseñan, utilizan o supervisan una herramienta.

Estas preguntas conectan la tradición filosófica con problemas presentes en la vida cotidiana y en la regulación de las nuevas tecnologías.

Tres jornadas para revisar un concepto histórico

El LVIII Congreso Internacional de Filosofía Joven se desarrollará durante tres jornadas en la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid.

La continuidad del encuentro, que alcanza su edición número 58, muestra la permanencia de un espacio dedicado al intercambio entre investigadores y al análisis de problemas filosóficos contemporáneos.

La edición de 2026 centrará esa conversación en un concepto antiguo que conserva plena vigencia. Preguntarse qué significa ser persona supone examinar la identidad, la conciencia, el cuerpo, las relaciones sociales, los derechos y las tecnologías que intervienen en su configuración.

El encuentro pretende poner nuevamente en circulación estos interrogantes y abrir perspectivas capaces de explicar una realidad en la que la experiencia humana convive con transformaciones técnicas cada vez más rápidas.