Un estudio de la Universidad de León ha revisado 274 guías docentes de los grados de Educación Infantil de seis universidades de Castilla y León. Igualdad, diversidad cultural y derechos humanos concentran la mayor parte de las referencias a la sostenibilidad, mientras el medio ambiente queda por debajo del 10 % y la dimensión económica no alcanza el 6 %. Los investigadores detectan además desajustes entre la preparación universitaria y los contenidos que después deberán enseñar los futuros docentes.

La formación que reciben los futuros maestros de Educación Infantil en Castilla y León aborda la sostenibilidad de manera desequilibrada. Cerca del 77 % de las referencias a los Objetivos de Desarrollo Sostenible localizadas en sus asignaturas corresponde a cuestiones socioculturales, mientras los contenidos ambientales representan menos del 10 % y los económicos quedan por debajo del 6 %. Es la principal conclusión de una investigación de la Universidad de León que ha analizado 274 guías docentes de seis universidades y las ha comparado con el currículo que esos profesionales deberán desarrollar posteriormente con niños de cero a seis años.
El trabajo, publicado en la revista científica Cleaner Energy Systems, lleva la firma de Paula García-Llamas, Estefanía Gómez-Muñoz, Patricia Sanz Chumillas y Roberto Baelo Álvarez, integrantes del grupo EDUTOOLS de la Universidad de León. El análisis comprende las asignaturas impartidas durante el curso 2023-2024 en los cuatro cursos del grado de Educación Infantil de las universidades públicas de León, Valladolid, Burgos y Salamanca y de la Pontificia de Salamanca y la Católica de Ávila.
La investigación introduce además una cuestión especialmente relevante para la práctica docente. Los programas universitarios no siempre guardan la misma proporción entre las distintas dimensiones de la sostenibilidad que el currículo autonómico que deberán aplicar los maestros al incorporarse a los centros educativos.
Igualdad y diversidad tienen mayor presencia
Los investigadores clasificaron las referencias localizadas en cuatro grandes dimensiones: sociocultural, ambiental, económica y sostenibilidad general. Para ello realizaron un análisis de contenido de las guías docentes mediante MAXQDA y utilizaron un procedimiento de codificación a doble ciego para reducir la subjetividad en la clasificación de los contenidos.
El resultado muestra una clara concentración en el primer ámbito. Aproximadamente tres de cada cuatro referencias están relacionadas con cuestiones como diversidad cultural, igualdad de género, derechos humanos o inclusión.
«La sostenibilidad que llega a la formación de los futuros maestros de Infantil es, sobre todo, sociocultural», explica Paula García-Llamas. Los contenidos ambientales y económicos, añade, quedan «en un segundo plano» y los relacionados específicamente con energía y clima aparecen con una presencia todavía menor.
La investigación no cuestiona la importancia de esa formación social. El problema que identifica se encuentra en la desproporción entre dimensiones que forman parte de un mismo concepto de desarrollo sostenible.
Menos del 10 % de las referencias detectadas corresponde al ámbito ambiental y menos del 6 % al económico, frente a cerca del 77 % dedicado a cuestiones socioculturales.
El medio ambiente aparece sobre todo al final del grado
La distribución tampoco permanece constante durante los cuatro cursos universitarios. El estudio observa que los contenidos ambientales aumentan fundamentalmente en los años más avanzados, mientras que la dimensión económica mantiene una presencia muy reducida durante prácticamente toda la titulación.
Esta evolución lleva a los investigadores a plantear la necesidad de una progresión más definida desde primero hasta cuarto. La sostenibilidad dejaría así de depender de asignaturas concretas y podría incorporarse transversalmente a materias de didáctica, conocimiento del entorno, organización escolar o formación científica.
Las diferencias tampoco son iguales entre instituciones. El trabajo ha encontrado variaciones significativas entre las seis universidades analizadas y señala a las universidades de León y Valladolid como las que presentan una mayor diversidad de contenidos relacionados con los ODS.
El estudio habla, por tanto, de tendencias generales en las titulaciones y no de una ausencia completa de educación ambiental o sostenibilidad en todos los centros y asignaturas.
El currículo infantil sí pide enseñar sostenibilidad y energía
La comparación con las enseñanzas que esos graduados deberán impartir introduce uno de los resultados más significativos.
Conviene precisar aquí la normativa. El currículo autonómico no está establecido por un «Real Decreto 37/2022», como figura en algunas informaciones sobre el estudio, sino por el Decreto 37/2022, de 29 de septiembre, de la Junta de Castilla y León. Las enseñanzas mínimas estatales están reguladas por el Real Decreto 95/2022.
El texto castellano y leonés incorpora expresamente la educación para el consumo responsable y sostenible y establece contenidos relacionados con el cuidado del medio natural. En el segundo ciclo aparecen de forma explícita los recursos naturales, la sostenibilidad, las energías limpias y naturales, la educación ambiental, el consumo responsable y la reducción, reutilización y reciclaje.
Esto implica que un maestro puede encontrarse al comenzar su ejercicio profesional con la responsabilidad de trabajar en el aula contenidos que durante su propia formación universitaria han recibido un tratamiento más reducido que otras dimensiones de la sostenibilidad.
Ese desajuste entre formación inicial y currículo constituye una de las principales conclusiones del artículo publicado en Cleaner Energy Systems. Los autores advierten de que las diferencias entre ambos niveles pueden limitar una incorporación coherente de los ODS desde las primeras edades.
De reciclar a comprender cómo funcionan los recursos
La educación para la sostenibilidad en Infantil tiene características distintas de la que puede desarrollarse en etapas posteriores. Con niños de cero a seis años no se trata de explicar modelos económicos o sistemas energéticos complejos, pero sí de construir conocimientos y hábitos adaptados a su edad.
El propio currículo de Castilla y León introduce progresivamente el contacto con el medio natural, el cuidado de los animales, el conocimiento del agua, la tierra y el aire, la utilización responsable de los recursos y, en los cursos posteriores, las energías limpias y naturales.
Para trasladar esos contenidos al aula, los docentes necesitan algo más que conocer las palabras asociadas a la sostenibilidad. Deben saber convertirlas en experiencias educativas mediante exploración del entorno, experimentación, proyectos, juego y situaciones próximas a la vida cotidiana.
De ahí que los autores reclamen integrar estas competencias durante toda la formación universitaria.
«No basta con añadir contenidos sueltos, se requiere un rediseño curricular que equilibre las tres dimensiones de la sostenibilidad y alinee la formación del profesorado con el currículo oficial que después aplicarán en el aula», señala Roberto Baelo.
274 asignaturas bajo análisis
La amplitud documental constituye uno de los puntos de interés del estudio. Los investigadores recopilaron 274 guías docentes disponibles públicamente, correspondientes a los cuatro cursos de las seis universidades seleccionadas. Posteriormente buscaron y clasificaron las referencias relacionadas con los distintos ámbitos de los ODS.
Los datos utilizados en la investigación se han publicado también en abierto. El conjunto incluye información desagregada por universidad, curso académico, dimensión de la sostenibilidad y área curricular, además de cinco gráficos complementarios que permiten comparar cómo se distribuyen las referencias entre instituciones y años del grado.
La metodología tiene también límites. Analizar las guías docentes permite conocer qué contenidos están formalmente incluidos en las asignaturas, pero no mide todo lo que efectivamente explica un profesor en el aula ni la profundidad con la que se desarrolla cada cuestión. Una referencia incluida en una guía tampoco equivale necesariamente a horas de enseñanza ni permite determinar por sí sola las competencias adquiridas por los estudiantes.
Las conclusiones deben interpretarse, por ello, como un análisis de la arquitectura curricular declarada por las universidades.

Formar ahora a quienes enseñarán después
La relevancia de ese diseño curricular se encuentra en la posición que ocuparán los actuales universitarios dentro de pocos años. Educación Infantil constituye el primer contacto de muchos niños con el sistema educativo y una etapa en la que comienzan a formarse hábitos, conocimientos sobre el entorno y formas de relacionarse con los recursos naturales y sociales.
Por ello, García-Llamas, Gómez-Muñoz, Sanz Chumillas y Baelo proponen reforzar específicamente la alfabetización ambiental, climática y energética, introducir una mayor presencia de contenidos económicos vinculados a la sostenibilidad y distribuirlos progresivamente a lo largo de toda la carrera.
El trabajo ha sido financiado a través del programa Erasmus+ de la Unión Europea dentro de EURECA-PRO 2.0 y por el Ministerio de Universidades en el marco de las Alianzas de Universidades Europeas. Los datos y materiales complementarios se encuentran publicados bajo licencia abierta.
La investigación sitúa así el debate antes de la llegada al colegio. Si el currículo establece que desde Infantil deben trabajarse el consumo responsable, los recursos naturales, el medio ambiente o las energías limpias, la primera cuestión es determinar con qué formación llegan al aula quienes tendrán que enseñarlos.