Mario Linares llevará la memoria rural de Palencia al estudio de Álvaro Siza

Mario Linares del Valle, estudiante de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Valladolid, realizará desde octubre una estancia de seis meses en el estudio de Álvaro Siza en Oporto.

El estudiante de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Valladolid se incorporará en octubre durante seis meses al estudio del Premio Pritzker portugués en Oporto. Su proyecto ‘Fenomenología de una hornera’, construido a partir de Sotobañado y Priorato, ha sido uno de los 15 seleccionados por concurso en la XXVII edición de las becas Arquia.

Una antigua hornera familiar de Sotobañado y Priorato, los materiales con los que se levantaron sus casas, las tierras donde se cultivó lino y hasta la forma en que ese trabajo terminó influyendo en una plaza porticada han llevado al estudiante de Arquitectura de la Universidad de Valladolid Mario Linares del Valle hasta el estudio de Álvaro Siza en Oporto. Linares se incorporará el próximo octubre durante seis meses al despacho del arquitecto portugués, Premio Pritzker en 1992, después de obtener una de las becas de prácticas profesionales de la Fundación Arquia con Fenomenología de una hornera, un trabajo que utiliza su propio pueblo palentino para investigar la relación entre memoria, territorio y arquitectura.

La beca dispone de una dotación de 7.700 euros para las estancias de seis meses en España y Portugal, abonados mensualmente durante el periodo de prácticas. La convocatoria de 2026 ha ofrecido una red de 46 destinos nacionales e internacionales y ha reservado 15 plazas de la modalidad de concurso a las propuestas seleccionadas a partir de un mismo ejercicio. Entre ellas figura oficialmente Mario Linares, estudiante de la ETSA de Valladolid, con destino al estudio de Álvaro Siza.

Pueblo

El proyecto premiado comienza lejos de los grandes edificios y de las ciudades donde suelen concentrarse los relatos de arquitectura. Linares ha mirado hacia Sotobañado y Priorato, en Palencia, para tratar de reconstruir cómo un pueblo ha ido tomando forma a partir de una suma de recursos naturales, sistemas productivos, construcciones, espacios de encuentro y recuerdos familiares.

Es fundamental que cartografiemos la memoria de los pueblos para que sigamos teniendo una identidad, por eso yo elegí mi propio pueblo para concursar”, explica el estudiante.

Su propuesta parte de una hornera antigua vinculada a su familia y utiliza esa construcción como punto desde el que extender la mirada hacia el territorio que la hizo posible. El interés deja así de concentrarse exclusivamente en el edificio y alcanza los materiales, las actividades económicas y las relaciones sociales que explican por qué la arquitectura terminó siendo de una determinada manera.

Linares menciona las choperas que proporcionaban madera, la tierra transformada en adobe, los cultivos, el comercio y la relación del núcleo urbano con el agua. Son componentes cotidianos que, acumulados durante generaciones, permiten leer el pueblo como resultado de un proceso antes que como una sucesión de casas aisladas.

‘Fenomenología de una hornera’ reconstruye las relaciones entre arquitectura, materiales, actividades productivas y memoria en Sotobañado y Priorato.

Lino

Uno de los ejemplos más expresivos aparece en el siglo XIX.

El estudiante ha rastreado cómo determinadas tierras de Sotobañado y Priorato estuvieron destinadas al cultivo y trabajo del lino, una actividad productiva que acabó teniendo consecuencias sobre el propio espacio urbano.

“En el siglo XIX aquí se dedicaron unas tierras concretas del pueblo para trabajar el lino; eso hizo que se hiciera una plaza porticada, que es una de las pocas que quedan en el norte de Palencia en los pueblos. Todo eso es cómo va construyendo el espacio mismo”, explica.

La observación permite entender el sentido de Fenomenología de una hornera. El patrimonio deja de reducirse a localizar un edificio singular y comienza a preguntarse qué relaciones económicas, materiales y humanas explican su presencia.

La hornera funciona de este modo como una especie de puerta de entrada. Desde una construcción doméstica se puede llegar a las técnicas locales, desde ellas a los recursos disponibles y, finalmente, desde esos recursos a la organización de calles y espacios colectivos.

Toponimias

El planteamiento respondía al tema elegido para la XXVII edición de arquia/becas, cuyo jurado único ha sido la arquitecta Bet Capdeferro, cofundadora de bosch.capdeferro.

La propuesta llevaba por título Toponimias. Dibujar un mapa de tangibles e intangibles de un lugar y pedía investigar un territorio a través de aquello que puede verse y medirse, pero también mediante las relaciones, conocimientos, recuerdos y usos que explican su identidad. La Fundación Arquia planteó el ejercicio como una reflexión sobre la conexión entre territorio, memoria y arquitectura.

De las propuestas presentadas, Capdeferro seleccionó 15 con derecho a obtener una beca en destinos europeos. El fallo recoge expresamente Fenomenología de una hornera, de Mario Linares del Valle, junto a trabajos procedentes de escuelas de arquitectura de distintas universidades españolas y portuguesas.

El jurado ha valorado en el trabajo de Linares la capacidad de convertir un edificio familiar en un punto desde el que estudiar las tipologías locales, la gestión histórica del territorio y los espacios de socialización construidos alrededor de esas actividades.

En su valoración, la propuesta representa con precisión “la relevancia de un antiguo edificio familiar como punto de ancla de recuerdos, como base de estudio de las tipologías propias del lugar, como espacio que reúne y resume los sistemas de gestión de un territorio, como centro de abastecimiento de un valle entero y como raíz de la conformación de espacios colectivos de socialización, abrigo climático y encuentro”.

Oporto

La fase siguiente llevará esa investigación territorial desde un pequeño municipio palentino hasta uno de los estudios más influyentes de la arquitectura contemporánea.

Linares pudo ordenar por preferencias diez posibles destinos y consiguió precisamente el que situó en primer lugar. “Álvaro Siza es muy referente; durante toda mi carrera su obra ha sido una referencia para mí, así que ir a trabajar con él es una gran oportunidad”, señala.

La Fundación Arquia confirma a Álvaro Siza, en Oporto, como el destino adjudicado al estudiante vallisoletano dentro de la convocatoria de 2026. El propio Linares ha celebrado públicamente la concesión de la beca y su próxima incorporación al estudio.

Siza pertenece además a un grupo especialmente reducido dentro de los destinos ofertados por Arquia. La convocatoria de este año incluye ocho estudios relacionados con arquitectos galardonados con el Premio Pritzker, el reconocimiento internacional que recibió el portugués en 1992.

Siza

Álvaro Siza Vieira nació en Matosinhos en 1933, estudió Arquitectura en Oporto y comenzó a desarrollar sus primeros edificios antes incluso de concluir su formación. Su trayectoria ha atravesado vivienda social, equipamientos culturales, arquitectura universitaria, espacios públicos y proyectos de regeneración urbana, además de una extensa actividad docente.

Entre sus obras figuran las piscinas de Leça da Palmeira, el barrio de Malagueira en Évora, la Facultad de Arquitectura de Oporto, el Centro Gallego de Arte Contemporáneo de Santiago de Compostela y el Museo de Serralves, además de su participación en la reconstrucción del Chiado lisboeta tras el incendio de 1988.

El jurado del Pritzker destacó en 1992 precisamente su atención a las relaciones espaciales y a la adecuación de la forma a cada situación, y resumió una idea recurrente en su obra, que los arquitectos no inventan desde la nada, sino que transforman en respuesta a los problemas que encuentran.

Esa forma de aproximarse al lugar establece una conexión especialmente sugerente con el trabajo que ha llevado a Linares hasta Oporto. Fenomenología de una hornera tampoco busca imponer una forma sobre el territorio, sino comprender primero las relaciones que ya lo habían construido.

Memoria

La propuesta del estudiante de la UVa plantea además una cuestión que supera el propio concurso. Buena parte del patrimonio rural carece de monumentalidad, autor conocido o reconocimiento institucional y, precisamente por ello, corre mayor riesgo de desaparecer sin dejar documentación suficiente.

Una hornera, un muro de adobe, una chopera utilizada durante generaciones o una plaza surgida alrededor de una determinada actividad económica pueden contener información sobre cómo una comunidad trabajaba, producía, se protegía del clima y organizaba sus encuentros.

Cartografiar esa memoria permite entender la arquitectura vernácula como resultado de una inteligencia acumulada sobre el territorio, sus recursos y sus limitaciones, antes que como una colección de formas pintorescas.

El concurso de Arquia pedía dibujar precisamente esos elementos tangibles e intangibles y Linares ha respondido regresando al lugar que mejor conoce. La decisión ha convertido a Sotobañado y Priorato en materia de investigación arquitectónica y, a partir de octubre, llevará esa mirada hasta Oporto.

La distancia entre ambos lugares parece enorme, aunque la conexión resulta menos extraña de lo que aparenta. El estudiante que ha aprendido a leer un pueblo palentino a través de sus materiales, sus trabajos y sus recuerdos continuará ahora su formación junto a un arquitecto cuya obra ha hecho de la relación con el lugar una de sus cuestiones fundamentales.