“La longevidad obliga a repensar nuestros pueblos, los servicios y la economía desde una realidad que ya está aquí”, Ángel Barrera

Ángel Barrera, presidente del Comité Organizador del IV Congreso de Economía Plateada y CEO de Adiper y Saluus, defiende el potencial de la longevidad para generar empleo en el medio rural y reclama servicios, viviendas y soluciones tecnológicas que permitan a las personas mayores decidir dónde y cómo quieren vivir.

El IV Congreso Internacional de Economía Plateada llega los días 15 y 16 de octubre a Palencia con una cuarta edición centrada en la ruralidad, los municipios y la digitalización. Después de tres ediciones celebradas en Extremadura, el encuentro amplía su territorio llegando a Castilla y León y reúne a profesionales, empresas, administraciones, investigadores y entidades sociales para abordar una transformación demográfica que afecta a la vivienda, los cuidados, el empleo, el consumo, la salud o la organización de los servicios. Ángel Barrera Nieto, presidente de su Comité Organizador, defiende que hablar de longevidad exige superar una visión limitada de las personas mayores como receptoras de atención y reconocer su capacidad para participar, decidir y generar actividad económica y social en lugares como Palencia, sede del encuentro..

El Congreso alcanza su cuarta edición y lo hace por primera vez en Palencia. ¿Qué significa este cambio?

Significa que el proyecto ha alcanzado una madurez que permite ampliar su ámbito territorial. Las tres primeras ediciones se han desarrollado en Extremadura y nos han permitido construir una base muy importante, reunir conocimiento y poner en contacto a administraciones, empresas, universidades, profesionales y entidades que trabajan alrededor de la longevidad. Llegar ahora a Castilla y León permite incorporar otra realidad territorial que comparte muchos de los grandes desafíos demográficos que hemos venido analizando.

Palencia reúne, además, unas condiciones especialmente interesantes para hablar de economía plateada. Estamos ante una provincia con una población envejecida, con una presencia muy importante del medio rural y con municipios donde cuestiones como el acceso a los servicios, la movilidad, la vivienda, los cuidados o la digitalización adquieren una dimensión muy concreta. No queremos hablar del envejecimiento únicamente desde grandes conceptos. Queremos observar qué ocurre cuando una persona desea continuar viviendo en su pueblo y qué necesita para poder hacerlo con autonomía, seguridad y calidad de vida.

Precisamente, esta edición sitúa la ruralidad, los municipios y la digitalización en el centro. ¿Por qué estos tres conceptos?

Porque están profundamente relacionados ya que una parte muy importante del debate sobre longevidad consiste en preguntarnos dónde y cómo queremos vivir cuando seamos mayores. Muchas personas quieren permanecer en su domicilio, mantener sus relaciones, seguir vinculadas a su barrio o a su pueblo y conservar el mayor grado posible de autonomía.

En el medio rural esa decisión depende de muchas variables. Necesitamos servicios profesionales, viviendas adaptadas, transporte, atención sanitaria y social, conectividad y soluciones tecnológicas que sean realmente accesibles. La digitalización puede ayudar enormemente, pero debe ser una herramienta al servicio de las personas. La tecnología tiene sentido cuando facilita la vida, anticipa necesidades, mejora la seguridad o permite prestar determinados servicios allí donde la distancia supone una dificultad. Nunca puede convertirse en una nueva barrera.

¿Qué distingue al IV Congreso de Economía Plateada de otros encuentros sobre longevidad?

La diferencia está en que reúne a todos los agentes implicados, empezando por las propias personas mayores, que deben tener voz en las decisiones que afectan a su vida. Compartirán este espacio con empresas, administraciones, investigadores, profesionales y entidades sociales. Esa participación permite contrastar las propuestas de quienes diseñan un servicio, desarrollan una tecnología o planifican una política pública con las necesidades y preferencias de quienes van a utilizarlos.

Nos interesa especialmente ese intercambio, porque cada participante aporta un conocimiento distinto. Una empresa puede explicar qué necesita para prestar un servicio en un pequeño municipio; una administración, qué dificultades encuentra para organizarlo, y las personas que viven allí, si ese servicio responde realmente a sus expectativas. Al reunir esas perspectivas podemos identificar problemas que pasarían inadvertidos en un debate exclusivamente empresarial o académico. Queremos que las personas mayores participen en la definición de las soluciones desde el principio, con su experiencia y su capacidad de decisión, y que las empresas encuentren oportunidades vinculadas a demandas reales.

Usted ha planteado en distintas ocasiones una pregunta aparentemente sencilla, cómo queremos envejecer. ¿Tenemos una respuesta como sociedad?

Creo que estamos empezando a formularla con la profundidad que merece. Durante mucho tiempo hemos hablado del envejecimiento principalmente cuando aparecía una situación de dependencia. Sin embargo, vivimos cada vez más años y ese periodo de nuestra vida es mucho más amplio, heterogéneo y complejo.

Tenemos que hablar de vivienda, trabajo, ocio, consumo, participación social, prevención, salud, cuidados, tecnología y relaciones personales. Una persona puede jubilarse y tener todavía por delante veinte, veinticinco o treinta años de vida. Es evidente que esa realidad transforma las decisiones personales, pero también el funcionamiento de la economía y la planificación de las políticas públicas.

La pregunta sobre cómo queremos envejecer debería acompañarnos mucho antes de llegar a edades avanzadas, porque las condiciones en las que envejecemos también dependen de las decisiones que adoptamos como sociedad durante décadas.

¿Sigue existiendo una visión demasiado vinculada entre envejecimiento y dependencia?

Sí, y es una de las cuestiones que debemos revisar. La dependencia existe y requiere recursos, profesionales y una atención de calidad. Forma parte del debate, pero no puede explicar por sí sola qué significa vivir en una sociedad longeva.

Las personas mayores participan en la economía, consumen, viajan, ayudan a sus familias, sostienen actividades en numerosos municipios, transmiten conocimiento, emprenden, trabajan, realizan voluntariado y toman decisiones económicas. Tenemos que contemplar toda esa realidad.

La economía plateada precisamente permite ampliar la mirada. Una persona mayor puede necesitar determinados servicios en algún momento de su vida, pero también es una persona que decide, consume, participa y genera actividad. Reducir toda una etapa vital a los cuidados supone ignorar una parte enorme de su aportación.

¿Hasta qué punto la longevidad puede convertirse en una oportunidad económica para territorios como Palencia?

Tiene un enorme potencial si somos capaces de interpretar correctamente las necesidades que están apareciendo. Cuando cambia la estructura de la población también cambia la demanda. Aparecen necesidades relacionadas con vivienda, accesibilidad, movilidad, alimentación, turismo, cultura, actividad física, prevención, servicios domiciliarios, tecnología, productos financieros o formación.

Eso genera oportunidades para empresas que sepan especializarse y ofrecer respuestas adecuadas. También puede generar empleo cualificado y actividad en territorios que necesitan nuevas vías de desarrollo económico.

En el ámbito rural esta cuestión resulta especialmente interesante. La economía plateada puede contribuir a sostener servicios y actividad económica en pequeños municipios si conseguimos generar modelos capaces de responder a una población dispersa. Tenemos que estudiar qué soluciones son viables, cómo pueden colaborar las administraciones y las empresas y de qué manera podemos aprovechar la innovación para acercar servicios.

¿Están las empresas preparadas para entender a este nuevo consumidor sénior?

Hay empresas que llevan años trabajando muy bien en este ámbito, pero todavía queda mucho recorrido. Uno de los principales errores consiste en pensar que las personas mayores forman un grupo homogéneo. No existe un único consumidor sénior, del mismo modo que no existe una única manera de envejecer.

Las necesidades de una persona de 65 años pueden ser completamente diferentes a las de otra de 85, pero incluso entre personas de la misma edad encontramos situaciones económicas, familiares, culturales, físicas y sociales muy distintas.

Las empresas tienen que escuchar mucho más, especializar sus servicios y diseñarlos teniendo en cuenta esa diversidad. También deben revisar cómo se comunican con las personas mayores. El edadismo puede aparecer en una campaña publicitaria, en el lenguaje, en el diseño de una aplicación o en un proceso de atención al cliente. Hay un mercado enorme, pero comprenderlo exige conocimiento y profesionalización.

El Congreso aborda precisamente el consumo y los nuevos mercados adaptados a las personas mayores. ¿La economía plateada va mucho más allá del sector asistencial?

Completamente. Los cuidados constituyen un ámbito esencial, pero la economía plateada afecta prácticamente a todos los sectores. Vivienda, banca, seguros, alimentación, turismo, cultura, automoción, tecnología, deporte, comercio o formación están condicionados por el cambio demográfico.

Las empresas tienen que preguntarse quiénes serán sus clientes dentro de diez o quince años y cómo cambiarán sus necesidades. España está experimentando una transformación de su estructura de población y eso necesariamente modificará los mercados.

Por eso el Congreso incorpora perspectivas diferentes. Queremos que dialoguen quienes trabajan en salud o cuidados con quienes trabajan en economía, vivienda, tecnología, empleo, universidad o desarrollo territorial. La longevidad atraviesa todos esos ámbitos.

Uno de los grandes debates es el deseo de permanecer en casa durante el mayor tiempo posible. ¿Nuestro modelo está preparado para hacerlo posible?

Estamos avanzando, aunque todavía queda mucho por desarrollar. Permanecer en el domicilio no depende únicamente de recibir unas horas de ayuda. Requiere pensar en la vivienda, su accesibilidad, el entorno, la atención profesional, la coordinación sanitaria y social, la tecnología y las redes comunitarias.

También debemos comprender que permanecer en casa tiene significados diferentes dependiendo del territorio. No es lo mismo vivir en el centro de una ciudad que hacerlo en un municipio pequeño donde determinados servicios pueden encontrarse a varios kilómetros.

Tenemos que construir modelos flexibles porque la persona debe poder decidir dónde quiere vivir y disponer de apoyos suficientes para mantener su autonomía durante el mayor tiempo posible. Eso exige planificación, profesionales y una combinación inteligente de atención presencial y soluciones tecnológicas.

¿Qué papel puede desempeñar la tecnología sin deshumanizar los cuidados?

La tecnología debe ampliar la capacidad de cuidar, no sustituir la relación humana. Puede detectar riesgos, facilitar la comunicación, mejorar la coordinación profesional, permitir un seguimiento remoto o aportar seguridad a una persona que vive sola. Todo eso tiene muchísimo valor.

El problema aparece cuando pensamos que cualquier proceso puede digitalizarse sin considerar quién va a utilizarlo. Una solución tecnológicamente excelente puede fracasar si resulta difícil de comprender o utilizar. Por eso hablamos de transformación digital inclusiva.

Tenemos que diseñar tecnología pensando también en personas que tienen diferentes niveles de alfabetización digital, capacidades o acceso a conectividad. La innovación verdaderamente útil es aquella que acaba integrada en la vida cotidiana casi sin percibirse.

El medio rural parece un escenario especialmente adecuado para probar esas soluciones. ¿Es así?

Lo es porque concentra algunos de los grandes retos que tendremos que afrontar durante los próximos años. Dispersión geográfica, envejecimiento, dificultades para mantener determinados servicios y necesidad de atraer profesionales son cuestiones presentes en muchos territorios rurales.

Precisamente por eso pueden convertirse también en espacios de innovación. Si conseguimos desarrollar soluciones que permitan prestar servicios de calidad en un municipio pequeño, probablemente habremos encontrado modelos que después podrán trasladarse a muchos otros lugares.

No debemos contemplar la ruralidad únicamente desde sus dificultades. También ofrece fortalezas importantes, como la proximidad, las redes comunitarias, determinados modelos de convivencia o una calidad de vida que muchas personas valoran especialmente cuando alcanzan edades avanzadas.

¿Puede una provincia envejecida dejar de interpretar esa característica únicamente como un problema y convertirla en una ventaja competitiva?

Ese es uno de los grandes cambios de enfoque que proponemos. Un territorio envejecido tiene necesidades evidentes que deben atenderse, pero también dispone de unas condiciones extraordinarias para investigar, probar servicios, desarrollar tecnología, formar profesionales y atraer empresas especializadas.

Si sabemos generar un ecosistema alrededor de la longevidad, esa realidad demográfica puede convertirse en una oportunidad para crear empleo y conocimiento. Palencia puede ser un espacio muy interesante para desarrollar y evaluar soluciones destinadas a una sociedad que, en mayor o menor medida, va a evolucionar precisamente hacia esa estructura demográfica.

Lo importante es pasar del diagnóstico a la acción. Sabemos que la población envejece. Ahora tenemos que decidir qué hacemos con esa información.

El Congreso reúne a empresas, universidades, administraciones y entidades sociales. ¿Por qué es tan importante esa colaboración?

Porque ninguno de estos desafíos puede resolverse desde un único ámbito. Una empresa puede desarrollar una solución tecnológica magnífica, pero necesita conocer las necesidades reales de las personas y cómo funcionan los servicios. Una administración puede diseñar políticas públicas, pero necesita colaborar con profesionales, empresas y entidades que conocen el territorio. La universidad aporta investigación y evaluación, mientras que la sociedad civil permite incorporar la experiencia directa de las personas.

Necesitamos espacios donde todos esos actores puedan encontrarse y trabajar juntos. El Congreso pretende precisamente facilitar esa conexión. No queremos únicamente escuchar ponencias. Queremos que se generen relaciones, proyectos y líneas de trabajo que continúen después de los días 15 y 16 de octubre.

¿Qué importancia tiene incorporar conocimiento científico a un encuentro de estas características?

Es fundamental. Si queremos diseñar políticas, servicios o productos destinados a una población cada vez más longeva necesitamos datos, investigación y evaluación.

Por eso esta edición incorpora también la presentación de trabajos científico-técnicos. Queremos acercar el conocimiento académico a quienes están tomando decisiones en empresas, administraciones y organizaciones sociales y, al mismo tiempo, trasladar a los investigadores las necesidades que están apareciendo sobre el terreno.

Existe muchísimo conocimiento que puede ayudarnos a tomar mejores decisiones. El reto consiste en conseguir que circule y se transforme en soluciones aplicables.

Otro de los bloques se centra en la participación económica y el empleo sénior. ¿Estamos desaprovechando experiencia profesional por razones de edad?

En muchos casos, sí. Tenemos una contradicción importante. Por un lado, hablamos constantemente de falta de profesionales y de dificultades para encontrar determinados perfiles. Por otro, seguimos estableciendo barreras relacionadas con la edad y perdiendo talento y experiencia.

Una sociedad longeva necesita revisar también su relación con el trabajo. Habrá personas que quieran prolongar voluntariamente su actividad, otras que quieran emprender y muchas que puedan transmitir conocimiento a generaciones más jóvenes.

Tenemos que encontrar fórmulas más flexibles y combatir los prejuicios que asocian automáticamente edad con menor capacidad. La diversidad generacional dentro de las empresas puede ser una enorme fortaleza.

¿Qué debería cambiar en nuestra manera de hablar de las personas mayores?

Lo primero sería escuchar cómo quieren ser representadas. Muchas veces utilizamos categorías demasiado amplias que terminan simplificando realidades completamente diferentes.

También tenemos que abandonar imágenes que presentan sistemáticamente a las personas mayores desde la fragilidad o, en el extremo contrario, construir una imagen idealizada de una vejez permanentemente activa. Ambas cosas pueden distorsionar la realidad.

Envejecer forma parte de la vida y existen tantas maneras de hacerlo como personas. La comunicación debe reflejar esa diversidad con normalidad, respeto y rigor.

¿Qué espera que quede en Palencia cuando termine el IV Congreso?

Me gustaría que quedara algo más que dos jornadas de reflexión. El objetivo es generar conexiones entre empresas, administraciones, universidades y profesionales, abrir proyectos y conseguir que Palencia continúe vinculada a este debate.

Queremos que las personas que participen encuentren conocimiento, contactos y experiencias que puedan aplicar en sus organizaciones y territorios.

También queremos contribuir a que la sociedad mire la longevidad de otra manera. Estamos viviendo más años y eso es uno de los grandes logros de nuestra sociedad. Ahora tenemos la responsabilidad de conseguir que esos años puedan vivirse con autonomía, participación, seguridad y oportunidades.

Después de cuatro ediciones, ¿qué ambición tiene el Congreso de Economía Plateada a medio plazo?

Queremos construir una red cada vez más amplia. El hecho de llegar a Castilla y León forma parte de esa evolución. La economía plateada necesita cooperación entre territorios porque muchos de los desafíos son compartidos.

Nuestra intención es conectar experiencias nacionales e internacionales, acercar Europa e Iberoamérica y conseguir que el Congreso sea un espacio estable de conocimiento y colaboración. Hay soluciones que ya están funcionando en otros lugares y que podemos aprender a adaptar, mientras que aquí también estamos desarrollando experiencias que pueden resultar útiles fuera de España.

La longevidad será una de las grandes transformaciones de este siglo. Tenemos la oportunidad de anticiparnos y construir respuestas desde ahora.

Si tuviera que resumir qué pregunta debería llevarse cada asistente del Congreso a su casa, ¿cuál sería?

Probablemente la misma con la que comenzábamos. ¿Cómo quiero envejecer y qué tenemos que hacer hoy para que esa forma de envejecer sea posible?

Porque cuando formulamos esa pregunta dejamos de hablar de “los mayores” como si fueran otras personas. Estamos hablando de nosotros mismos, de nuestras familias y de la sociedad en la que queremos vivir dentro de veinte o treinta años. Y entonces la economía plateada deja de parecer un asunto sectorial para convertirse en lo que realmente es, una reflexión sobre el futuro de todos.

Más información

www.economiaplateada.org
congreso@economiaplateada.org