Almudena Álvarez
Texto y fotos

Dos estudiantes universitarios españoles regresan de Nueva York con algo más que una experiencia académica. Vuelven con la huella de haberse sentado en la mesa donde se discute el futuro del mundo.
Durante varios días, Change the World Model United Nations, una simulación internacional de Naciones Unidas organizada por Associazione Diplomatici en colaboración con Change the World Academy, reunió en Nueva York a más de un millar de jóvenes de más de cien países.
Entre ellos, los palentinos Alex Ayuela Abad y Mireya Antolín Marcos, estudiantes de último curso de Derecho y de Derecho y ADE, respectivamente, en la Universidad de Valladolid. Alex y Mireya participaron en una simulación de alto nivel en la ONU en la que los estudiantes debaten sobre temas globales como el cambio climático, los derechos humanos, la seguridad internacional, la pobreza o la innovación tecnológica entre otros.
En su caso, asumieron el reto de representar a Zimbabue en uno de los comités más exigentes, la Organización Mundial de la Salud, y pusieron a punto habilidades de diplomacia, debate público, oratoria y comprensión de la política internacional.
Empatía para entender el mundo
Como explican, no se trataba de algo tan sencillo como defender sus ideas. Los dos tuvieron que asumir una posición ajena, la de un país africano con una realidad política, económica y sanitaria muy distinta a la española. “Nos teníamos que convertir en un embajador real de ese país”, explica Alex, consciente de que el ejercicio iba más allá de un debate académico.
La experiencia, subraya Mireya, obligaba a “no posicionarse desde tu propia perspectiva, sino a pensar y actuar como si fueses una persona de ese país”.
Ese cambio de mirada supone desmontar prejuicios y entender que “estos países que parecen de segunda, al final nunca lo son”, aseguran. En su caso, además, Zimbabue no solo representaba sus propios intereses, sino también los de organizaciones como la Unión Africana, lo que añadía peso y responsabilidad a cada intervención.
El tema a debate fue la gestión de datos sanitarios y patógenos en situaciones de crisis global como pandemias, y les situó en una posición compleja dentro de la Organización Mundial de la Salud.
Frente a quienes defendían compartir toda la información de forma obligatoria y datos a tiempo real para evitar pandemias, desarrollar vacunas o prevenir infecciones y enfermedades a nivel mundial, ellos tenían que defender una postura más conservadora. “No queríamos que Zimbabue fuera el conejillo de indias del resto del mundo”, resume Mireya, aludiendo al impacto desigual que tuvo la pandemia en países africanos. En este sentido, los dos estudiantes de la UVa defendieron los datos como un activo para Zimbabue que merecía una contraprestación económica, en forma de vacunas, o con una participación en los beneficios por el desarrollo de esas vacunas gracias a los datos aportados. Una contraprestación que el país africano podría emplear en su propio desarrollo económico y social.
Esa fue la postura que defendieron, y la negociación fue intensa, reconocen, con potencias como Estados Unidos en el lado opuesto y alianzas cambiantes con países europeos o africanos. “Era una cuerda tensa todo el rato que se movía entre la obligación de compartir y la opción a hacerlo”, recuerdan.
Ponerse de acuerdo
Tras su paso por la OMS afirman que si algo les ha sorprendido es comprobar hasta qué punto la toma de decisiones global es compleja. “Desde el sofá de casa todo parece fácil, pero luego te encuentras con una institución tan diversa que te desmonta todo”, apunta Mireya. La pluralidad de culturas, intereses y visiones convierte cada consenso en un ejercicio de paciencia y escucha activa.
Porque si algo ha aprendido esta estudiante de sexto de Derecho y ADE, es que la negociación no se basa solo en la persuasión, que puede tener connotaciones negativas, sino en saber ceder para ponerse de acuerdo.
Esa diversidad, sin embargo, es también el mayor valor del programa. Estar rodeados de jóvenes de todo el mundo les ha permitido entender que el futuro no se construye desde una única perspectiva, sino desde la convivencia de muchas.
Autoconocimiento
Reconocen que la experiencia, al margen de todo lo que han aprendido, ha sido un laboratorio de sus propias habilidades. Han entrenado la oratoria, la negociación o la capacidad de persuasión en tiempo real. Pero también otras habilidades menos visibles como aprender a “salir de la zona de confort, a sentirse cómodo en la incomodidad”, reflexiona Alex, que reconoce haber superado barreras personales, como intervenir en inglés ante un auditorio internacional. “Creo que es ahí, en la incomodidad, cuando realmente progresas y te desarrollas”, añade el estudiante de cuarto de Derecho.
A Mireya le ha servido para desarrollar la inteligencia interpersonal y la intrapersonal, ya que, por un lado hay que intentar ponerse en el lugar del otro, manejar la empatía, la persuasión, la negociación y la comunicación, “pero también tienes que manejar el estrés, el autocontrol, saber cuándo ceder y cuándo mantenerte firme”, asegura.
Porque, en un entorno donde todo puede cambiar en minutos, la capacidad de reacción se convierte en algo fundamental.
Horizonte internacional
Aseguran que la experiencia en Nueva York ha abierto una nueva forma de ver un horizonte profesional al que tendrán que enfrentarse en unos meses, cuando acaben la universidad. Alex habla de “amplitud”, de descubrir caminos como la diplomacia que antes no contemplaba. “He aprendido que no se puede decir que no a algo simplemente porque dudes”, concluye, convencido de que probar es la única forma de elegir con criterio.
Para Mireya, el cambio es también interno. “Te das cuenta de que tienes un hueco en ese mundo”, afirma, en referencia a un escenario internacional que ya no percibe como ajeno. En su caso, esta experiencia le ha ayudado a conocerse, le ha dado seguridad y le ha permitido verse preparada no solo para el mercado laboral español, sino también para el internacional.
La diplomacia, arma poderosa
Tras sentarse en la sede de Naciones Unidas y escuchar a figuras internacionales, ambos coinciden en la idea de que la diplomacia es muy necesaria. “El arma más poderosa es la diplomacia, sentarte, hablar y negociar”, sostiene Alex convencido de que en un contexto internacional complejo, la diplomacia es una herramienta imprescindible y que organismos como Naciones Unidas son más necesarios que nunca.
El mensaje que se llevan los dos es claro y resume el espíritu del programa que ha hecho posible este viaje, que no es otro que concienciar a los jóvenes de que ellos son el futuro del planeta y de la sociedad. Pero también del poder y la responsabilidad que hay en ello.