Un estudio sobre el uso de la fotografía constata que el 62% de la población elige las imágenes de viajes como contenido favorito, aunque también las identifica entre las que generan más postureo
Las fotografías de viajes se han convertido en uno de los contenidos más presentes y apreciados en las redes sociales en España. El 62% de los españoles asegura que este tipo de imágenes es su contenido favorito en plataformas digitales, muy por encima de las publicaciones de influencers, que solo son elegidas por el 9% de la población, según los datos del III Estudio sobre el uso de la fotografía entre los españoles, elaborado por Cheerz.
El informe refleja una relación cada vez más ambivalente con la imagen digital. Los viajes son el contenido que más gusta ver, el que más se comparte y también uno de los que mayor sensación de artificio genera. El 35% de los encuestados considera que las fotografías vinculadas al ocio y las vacaciones concentran más postureo en redes, solo por detrás de los selfies, señalados por el 36%.
La llegada del verano intensifica este fenómeno. Las vacaciones convierten los perfiles personales en una sucesión de playas, ciudades, terrazas, paisajes y escapadas, mientras las redes sociales funcionan como un escaparate inmediato de la experiencia turística.
El viaje como contenido dominante
El estudio sitúa las imágenes de viajes como el contenido más valorado por los usuarios españoles. Tras ellas aparecen las fotografías del entorno social cercano, elegidas por el 33%, y las de animales y mascotas, señaladas por el 25%.
La preferencia por las imágenes de viaje coincide además con los hábitos de publicación. Más del 60% de los españoles afirma que los viajes son el tipo de contenido que sube habitualmente a sus redes sociales.
Este comportamiento se ve reforzado por el uso intensivo de las plataformas durante los desplazamientos. Según datos de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC), el 97% de quienes viajaron por España mantuvo actividad en redes durante su viaje, mientras que el porcentaje alcanzó el 87% entre quienes se desplazaron al extranjero.
Instagram continúa siendo una de las principales plataformas para este tipo de publicaciones. Etiquetas como #Travel, #travelgram, #vacation o #viajes acumulan millones de contenidos y funcionan como archivo colectivo de experiencias vacacionales, aunque también como catálogo de modelos visuales que se repiten de forma creciente.
La estética de los influencers marca la forma de fotografiar
El informe constata que la influencia de los creadores de contenido no se limita a la observación pasiva. El 45% de los españoles reconoce que se inspira en la estética de las fotos de influencers para imitarla en sus propias imágenes.
El porcentaje aumenta hasta el 56% entre la población de 18 a 45 años, una franja especialmente expuesta a códigos visuales construidos alrededor de la imagen cuidada, los encuadres reconocibles, los destinos aspiracionales y la presentación estética de la vida cotidiana.
La consecuencia es una homogeneización progresiva de la fotografía personal. Muchos usuarios reproducen poses, composiciones, fondos y gestos que han visto previamente en perfiles con gran visibilidad, hasta convertir determinadas escenas en fórmulas reconocibles.
La inspiración visual, sin embargo, convive con una percepción crítica. Buena parte de la población identifica en esas imágenes una carga de artificio que termina alejando la fotografía de su función original como recuerdo espontáneo.
Entre capturar el momento y preparar la publicación
El estudio refleja que seis de cada diez españoles se hacen fotografías pensando en subirlas a redes o deciden compartirlas en el momento en que las ven y les gustan. Entre los usuarios de 18 a 45 años, esta proporción aumenta ocho puntos.
La fotografía de viaje deja así de ser únicamente una forma de conservar memoria para convertirse también en un acto condicionado por la posible publicación. El encuadre, la luz, la repetición de la toma o la elección del momento responden cada vez más a una lógica de visibilidad.
Qui Marín Larios, responsable de Cheerz para el sur de Europa, advierte de que la frontera entre capturar un instante y sentir la obligación de hacerlo “bien” para compartirlo se ha vuelto cada vez más estrecha.
Según recoge el estudio, las imágenes asociadas a estilos de vida inaccesibles afectan negativamente al 19% de la población, una cifra que apunta al impacto emocional de determinados contenidos visuales sobre la percepción de la propia vida.
La paradoja del archivo digital
El informe también pone de manifiesto una contradicción significativa. Aunque las fotografías se multiplican en los teléfonos móviles y se comparten de forma constante, una parte importante de los usuarios apenas vuelve a verlas después.
El 29% de la población asegura que no revisa las imágenes almacenadas en su móvil o que lo hace muy poco. La acumulación digital convierte muchas fotografías en archivos invisibles, tomadas para ser compartidas de inmediato y relegadas después a galerías saturadas.
Esta doble vida de la imagen, entre la publicación fugaz y el recuerdo privado, muestra cómo ha cambiado la relación social con la fotografía. La imagen sirve para comunicar una experiencia en tiempo real, pero no siempre conserva después su valor como memoria personal.

Las vacaciones reactivan el valor del recuerdo físico
Tras los periodos vacacionales también aumenta el interés por conservar determinadas fotografías fuera del entorno digital. Según los datos de Cheerz, la impresión fotográfica crece un 60% después de las vacaciones, hasta alcanzar 1,9 millones de imágenes impresas cada semana.
El dato apunta a una búsqueda de permanencia frente a la volatilidad de las publicaciones en redes sociales. Las fotografías de viajes, precisamente por su carga emocional, son también las que muchas personas desean conservar en álbumes, copias impresas o formatos físicos.
La tendencia revela que la imagen mantiene una dimensión afectiva que no queda agotada en el gesto de compartir. Frente al consumo rápido de contenidos, algunas fotografías siguen funcionando como soporte de memoria, vínculo y relato personal.
Una cultura visual marcada por el deseo de mostrar
El estudio dibuja una sociedad acostumbrada a fotografiar la experiencia antes, durante y después de vivirla. Los viajes concentran buena parte de esa transformación porque reúnen tres elementos especialmente poderosos en redes: desplazamiento, paisaje y deseo de reconocimiento.
La preferencia por las fotos de vacaciones no implica únicamente interés por el turismo, sino también por la forma en que las personas narran su vida a través de imágenes. En ese terreno conviven el recuerdo auténtico, la inspiración estética, el deseo de compartir y la presión por construir una versión visualmente atractiva de la propia experiencia.
El resultado es una fotografía cotidiana cada vez más abundante, más elaborada y más expuesta, pero también sometida a una pregunta de fondo: cuánto queda de memoria personal cuando la imagen nace pensada para ser vista por los demás.