El Blues Béjar Festival cierra su XXVII edición con conciertos en “La Ancianita” y Candelario y nombres como Elliott Murphy, Jackie Venson y Big Daddy Wilson

La vigesimoséptima edición del Blues Béjar Festival ha reunido en “La Ancianita” y Candelario tres jornadas de conciertos con nombres como Elliott Murphy, Jackie Venson, Big Daddy Wilson, Eric Sardinas, Shirley Davis, Kevin “Sonny” Gullage y Nat Simons.

El Blues Béjar Festival ha cerrado su vigesimoséptima edición con tres jornadas de conciertos que han vuelto a situar a la ciudad salmantina como una de las referencias españolas del blues en directo. La Plaza de Toros “La Ancianita” concentró la programación principal durante el viernes y el sábado, mientras que Candelario prolongó el domingo el pulso musical del certamen con actuaciones al aire libre y el tradicional vermú musical.

La edición ha reunido propuestas internacionales y nacionales vinculadas al blues, el soul, el rhythm and blues, el rock de autor y el blues-rock eléctrico. El resultado ha sido un cartel amplio, con artistas consolidados, intérpretes de largo recorrido y nuevas voces que confirman la capacidad del festival para mantener una identidad reconocible sin quedar encerrado en un único registro.

Una primera noche marcada por el oficio

La jornada del viernes abrió la programación principal con Big Daddy Wilson, que llevó a “La Ancianita” una lectura cálida del blues, cruzada con soul y folk. Su directo funcionó como arranque pausado y sólido para una noche que fue creciendo en intensidad.

Elliott Murphy protagonizó uno de los momentos más destacados del festival. El músico estadounidense, asociado desde hace décadas al rock de autor, ofreció un concierto sostenido en la sensibilidad del repertorio, la experiencia escénica y una comunicación cercana con el público.

La noche avanzó después hacia un terreno más eléctrico con Eric Sardinas, que imprimió al escenario una descarga de blues-rock de alto voltaje. Doghouse Sam & His Magnatones completaron la primera jornada con un directo enérgico y de raíz, manteniendo el equilibrio entre tradición y músculo escénico.

Jackie Venson, una de las actuaciones más celebradas

El sábado tomó el relevo con Shirley Davis & The Silverbacks, una formación que llevó al festival una propuesta de fuerte presencia vocal y marcada pulsación soul. Su actuación abrió una segunda noche con mayor acento rítmico y una conexión directa con el público.

Toni Green & Vasti Jackson & The Mississippi Explosion aportaron una lectura elegante del blues sureño, apoyada en la voz, la guitarra y una concepción clásica del género. La combinación permitió enlazar la tradición afroamericana con una puesta en escena de carácter expansivo.

Jackie Venson se convirtió en una de las grandes protagonistas de esta edición. Su técnica guitarrística, su personalidad vocal y su presencia escénica dejaron una de las actuaciones más comentadas del fin de semana. La artista confirmó en Béjar la fuerza de una generación que aborda el blues desde lenguajes contemporáneos, sin perder la tensión instrumental que sostiene el género.

Kevin “Sonny” Gullage & The Blues Groovers cerraron la programación de “La Ancianita” con la solvencia de una de las nuevas figuras del blues internacional. Su concierto puso el broche a dos noches centrales en las que el festival combinó veteranía, descubrimiento y diversidad estilística.

Candelario prolonga el festival

El domingo, el Blues Béjar Festival volvió a extender su programación hasta Candelario, una de las señas que refuerzan el carácter comarcal del certamen. La Plaza del Solano acogió el vermú musical con Joe & The Jackpots, una cita ya asentada dentro del ambiente festivo del fin de semana.

Por la tarde, el Parque Municipal recibió las actuaciones de Forty Four Soul y Nat Simons, que cerraron la edición con una propuesta más abierta, vinculada al soul, el rock y la canción de raíz americana.

La presencia de Candelario amplía el alcance del festival más allá de Béjar y convierte el blues en un recorrido compartido por la comarca. El formato permite que el público combine conciertos, patrimonio, hostelería y visita turística durante todo el fin de semana.

Una cita con casi tres décadas de trayectoria

La vigesimoséptima edición confirma la continuidad de un festival que ha sabido sostener su posición dentro del calendario musical estival. Béjar mantiene una relación consolidada con el blues gracias a una programación que, año tras año, ha atraído a aficionados procedentes de distintos puntos del país.

La Plaza de Toros “La Ancianita” aporta además una identidad propia al encuentro. Su uso como recinto musical ha convertido el espacio en uno de los elementos reconocibles del certamen, asociado a noches largas, sonido en directo y convivencia entre público local y visitantes.

El festival ha construido su prestigio mediante una fórmula que combina cartel internacional, ambiente cercano y vinculación con el territorio. Esa mezcla permite que la cita conserve personalidad frente a otros festivales de mayor formato.

Cultura, participación e inclusión

La programación musical se ha completado con actividades paralelas que amplían la dimensión cultural del festival. Entre ellas han figurado un ciclo de cine dedicado al blues y al jazz y un taller musical inclusivo desarrollado junto a entidades sociales de la ciudad.

Estas propuestas refuerzan una lectura del blues como cultura viva, no solo como espectáculo de escenario. El certamen conecta música, formación, participación social y acceso a la cultura desde distintos espacios.

La presencia de actividades inclusivas también permite que el festival dialogue con la comunidad local y no dependa únicamente del público de los conciertos principales. Su arraigo se construye en esa relación entre programación artística, tejido social y ciudad.

Un festival que mira al futuro desde su identidad

Después de veintisiete ediciones, el Blues Béjar Festival conserva una fórmula reconocible. Su reto pasa por seguir creciendo sin diluir aquello que lo ha convertido en una referencia: programación cuidada, fidelidad al blues, apertura a estilos próximos y una relación estrecha con Béjar y Candelario.

La edición recién clausurada ha mostrado esa continuidad. El cartel ha permitido escuchar blues de raíz, soul, rock de autor, rhythm and blues, propuestas eléctricas y sonidos fronterizos, todos articulados alrededor de una misma cultura musical.

Béjar ha vuelto a rendirse al blues, pero lo ha hecho desde algo más profundo que la celebración de un fin de semana. El festival ha confirmado que, casi tres décadas después, sigue teniendo capacidad para convocar, emocionar y renovar su vínculo con el público.