El informe ‘Convivir en tiempos de pantallas’, de Aldeas Infantiles SOS, recoge propuestas de más de 1.500 escolares de Primaria y 2.332 encuestas a estudiantes de Secundaria sobre tecnología, relaciones, ciberacoso y bienestar emocional.
Niños, niñas y adolescentes españoles reclaman referentes adultos, espacios compartidos y momentos libres de pantallas para aprender a relacionarse mejor en un entorno marcado por la tecnología. Así lo recoge el informe Convivir en tiempos de pantallas, elaborado por Aldeas Infantiles SOS a partir de sus programas de educación en valores durante el curso escolar 2025-2026.
El documento reúne la voz de más de 1.500 escolares de Primaria que han participado en la iniciativa Diputados por un Día en el Congreso y en parlamentos autonómicos, junto con los resultados del Observatorio de la Adolescencia, basado en 2.332 encuestas a estudiantes de Secundaria de toda España.
La convivencia digital llega al aula y a la familia
El informe nace de dos programas educativos de Aldeas Infantiles SOS. Abraza tus Valores está dirigido a alumnado de Infantil y Primaria, entre los cuatro y los doce años, mientras Párate a Pensar se orienta a Secundaria, de los doce a los dieciséis. Ambos buscan que colegio y familia trabajen de forma coordinada en valores esenciales para la formación personal.
Durante este curso, el eje de trabajo ha sido la convivencia aplicada a la relación con pantallas, redes sociales y tecnología. La organización plantea el debate desde una preocupación compartida por familias y educadores, con el objetivo de promover un uso equilibrado que proteja frente a contenidos inadecuados y favorezca la participación, el bienestar físico, emocional y mental.
La reflexión se aleja de una mirada exclusivamente restrictiva. El informe propone acompañamiento, criterios compartidos y alternativas presenciales que permitan a niños, niñas y adolescentes construir una relación más sana con el entorno digital.

Primaria pide actuar ante el ciberacoso
Las propuestas de los escolares de Primaria desmontan la idea de que la infancia reclama únicamente más tecnología. En sus intervenciones parlamentarias, los niños y niñas han pedido dejar de mirar hacia otro lado ante situaciones de acoso, burlas o violencia en internet.
El compromiso que trasladan pasa por no callar cuando detectan ciberacoso, avisar a personas adultas y apoyar a quienes sufren una situación de hostigamiento. La convivencia digital aparece así como una responsabilidad colectiva, donde el silencio de los testigos también tiene consecuencias.
La empatía digital ocupa otro lugar relevante. Los escolares proponen pensar antes de publicar, pedir permiso antes de compartir imágenes ajenas y cuidar el impacto que un comentario puede tener sobre otra persona.
Parques, comidas y conversaciones sin móviles
El informe recoge también una petición directa a los adultos. Los niños y niñas reclaman recuperar tiempo para el mundo real, dejar móviles y tabletas fuera de las comidas y volver a los parques, al juego en la calle y a las conversaciones familiares.
La demanda sitúa el problema más allá del uso que hacen los menores de los dispositivos. También interpela a los adultos, a sus hábitos y a la coherencia entre lo que piden y lo que practican.
La convivencia sin pantallas exige espacios protegidos dentro de la vida cotidiana. Las comidas, los paseos, el juego presencial, el deporte o las actividades creativas aparecen como momentos capaces de reconstruir vínculos y reducir la dependencia de la conexión permanente.
La adolescencia reconoce que el móvil atrapa
En Secundaria, el Observatorio de la Adolescencia muestra a jóvenes conscientes de las dinámicas que generan las redes sociales. El informe señala que muchos adolescentes identifican el móvil como un sustituto emocional cuando aparece el aburrimiento y reconocen que las plataformas están diseñadas para captar su atención.
El 43 % del alumnado encuestado afirma que le gustaría revisar menos el móvil mientras estudia. La pérdida de concentración se convierte así en una de las consecuencias más reconocidas por los propios adolescentes.
El descanso también aparece afectado. Un 22,1 % desearía poder dormirse sin tener pantallas cerca, un dato que vincula el uso tecnológico con hábitos de sueño y bienestar cotidiano.
La conexión real gana peso frente a las redes
Los adolescentes tampoco describen un mundo sin redes sociales como un escenario necesariamente peor. Solo el 6,8 % cree que sería más triste, mientras el 43,1 % considera que habría más conexiones reales.
La respuesta muestra una generación que utiliza la tecnología de manera intensa, aunque percibe sus límites. La socialización digital convive con el deseo de relaciones más directas, conversaciones presenciales y experiencias compartidas sin mediación constante de una pantalla.
El informe dibuja una adolescencia más preocupada por las relaciones humanas, el bienestar emocional y el futuro que por el conflicto tecnológico en sí mismo. La tecnología forma parte de su vida, aunque no sustituye la necesidad de compañía, reconocimiento y seguridad.
El futuro laboral y económico inquieta a los jóvenes
El Observatorio también pregunta por la mirada de los adolescentes hacia su futuro. Dos de cada tres estudiantes muestran inquietud ante la posibilidad de no encontrar trabajo o no poder dedicarse a aquello que les gusta.
La preocupación económica alcanza al 42,2 % del alumnado. Este dato amplía la lectura del informe y sitúa el uso de pantallas dentro de un contexto emocional más amplio, donde la incertidumbre laboral y vital también condiciona la forma en que los jóvenes se relacionan y buscan apoyo.
La pantalla puede convertirse entonces en refugio, distracción o forma de escape, aunque los propios adolescentes identifican otras vías más saludables para desconectar y sentirse mejor.
Deporte, creatividad y afectos ayudan a desconectar
Cuando se les pregunta en qué situaciones les resulta más fácil dejar de mirar el móvil, el 70,6 % de los adolescentes señala el deporte o las actividades creativas. Otro 67,2 % afirma que desconecta con más facilidad cuando está con alguien que le importa.
Estos datos apuntan hacia una conclusión práctica. Para reducir el uso problemático de pantallas no basta con limitar el acceso; resulta necesario ofrecer alternativas atractivas, presenciales y emocionalmente significativas.
El deporte, la música, las salidas con iguales, el juego, la conversación y las actividades creativas generan vínculos y bienestar. Cuando esos espacios existen, el móvil pierde parte de su capacidad de ocuparlo todo.
Las chicas sienten más presión comparativa en redes
El informe refleja diferencias por sexo, identidad de género, curso y comunidad autónoma. Una de las más significativas aparece en la comparación social. Al 25 % de las chicas le gustaría compararse menos con otras personas en redes sociales, frente al 7,8 % de los chicos.
La brecha muestra cómo las redes afectan de forma distinta a la autoestima y a la percepción del propio cuerpo, la imagen o la vida social. La exposición constante a fotografías, comentarios y modelos aspiracionales puede intensificar la presión sobre las adolescentes.
También se observan diferencias en las formas de desconexión. Las chicas desconectan con más facilidad cuando están con personas que aprecian, mientras los chicos lo hacen más a través del deporte y las actividades creativas.
La violencia digital presenta diferencias territoriales
El informe recoge variaciones por comunidades autónomas en la percepción de violencia o agresiones en redes sociales. En Aragón, Canarias y Cantabria, más del 30 % del alumnado afirma sentirse afectado por este tipo de situaciones, frente al 8,3 % registrado en la Comunidad de Madrid.
Estas diferencias territoriales aconsejan analizar el fenómeno con detalle y evitar respuestas uniformes. La convivencia digital depende de factores educativos, familiares, sociales y culturales que pueden variar entre territorios y centros escolares.
El dato confirma además la necesidad de reforzar la prevención del ciberacoso, la educación emocional y la capacidad de los menores para pedir ayuda cuando detectan una situación de violencia digital.
La respuesta pasa por acompañar y sustituir
La conclusión del informe sitúa el acompañamiento adulto en el centro. Aldeas Infantiles SOS plantea que la respuesta debe basarse en negociación, coherencia y sustitución, con adultos capaces de actuar como modelos positivos y demostrar con hechos que también pueden aparcar el teléfono móvil.
La coherencia adulta resulta determinante. Las normas pierden fuerza cuando los menores perciben que los adultos exigen una desconexión que ellos mismos no practican en casa, en la mesa o durante los momentos compartidos.
La sustitución implica ofrecer experiencias presenciales que compitan con la pantalla en interés, emoción y vínculo. Sin alternativas, la prohibición puede convertirse en una medida frágil y poco sostenible.
Familias y escuelas comparten responsabilidad
El informe refuerza el papel conjunto de familias y centros educativos. La educación digital necesita conversación, límites, escucha y espacios donde los menores puedan expresar qué les ocurre en internet sin miedo a una reacción desproporcionada.
La escuela puede trabajar la empatía, el respeto, la privacidad, la respuesta ante el ciberacoso y la convivencia en redes. La familia, por su parte, puede establecer hábitos cotidianos, tiempos de desconexión y modelos de uso más conscientes.
La relación equilibrada con la tecnología no se construye en un solo ámbito. Requiere continuidad entre lo que se aprende en clase, lo que se vive en casa y lo que sucede en el grupo de iguales.
Aldeas Infantiles SOS y la protección de la infancia
Aldeas Infantiles SOS está presente en España desde 1967 y forma parte de una federación internacional con presencia en más de 130 países. Su labor se centra en atender a niños, niñas, jóvenes y familias en situación de vulnerabilidad, fortalecer entornos familiares protectores y acompañar procesos de autonomía.
La organización fue reconocida en 2016 con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia. Su trabajo incorpora políticas de protección infantil y juvenil orientadas a promover el buen trato y prevenir cualquier forma de desprotección.
El informe Convivir en tiempos de pantallas se integra en esa línea de actuación, al abordar uno de los grandes retos educativos actuales desde la perspectiva de la infancia y la adolescencia.