Más de dos millones de jóvenes viven en riesgo de pobreza en España

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El 27 % de la población de entre 16 y 29 años se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social y el 20,9 % vive por debajo del umbral de pobreza. EAPN-ES sitúa la vivienda y la precariedad laboral entre los principales factores que dificultan la autonomía económica de una generación cuya tasa de emancipación se mantiene en el 14,6 %.

Más de dos millones de jóvenes de entre 16 y 29 años viven actualmente en España en riesgo de pobreza o exclusión social, el 27 % del grupo de edad, mientras que el 20,9 % se encuentra por debajo del umbral de pobreza. Los datos, recogidos por EAPN-ES en su XVI Informe El Estado de la Pobreza, muestran que la vulnerabilidad económica afecta a la juventud con mayor intensidad que al conjunto de la población española, cuya tasa AROPE se situó en 2025 en el 25,7 %.

La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español ha recuperado estas cifras con motivo del Día Internacional de la Juventud para advertir de un problema que trasciende la ausencia puntual de ingresos. Vivienda, precariedad laboral, protección social y desigualdad de origen se acumulan y condicionan la capacidad para abandonar el hogar familiar, estabilizar un empleo y desarrollar un proyecto autónomo.

Solo el 14,6 % de los jóvenes se ha emancipado

La vivienda concentra buena parte de esas dificultades. En 2025, solo el 14,6 % de la población joven estaba emancipada, prácticamente la mitad de la proporción registrada en 2008. Incluso entre quienes consiguen independizarse, la pobreza alcanza al 23,9 %.

La presión aumenta entre los jóvenes con menores ingresos. EAPN calcula que una persona joven en situación de pobreza que vive emancipada destina de media el 48,5 % de sus ingresos a la vivienda. La posibilidad de abandonar el hogar familiar depende así cada vez más de los salarios y del mercado residencial, pero también de la capacidad económica previa de cada familia.

La red advierte por ello de que el patrimonio familiar y la posibilidad de recibir ayuda para pagar una entrada, una fianza o parte del alquiler están reforzando las diferencias entre jóvenes con trayectorias educativas y laborales similares.

Solo el 14,6 % de la población joven estaba emancipada en 2025 y, entre quienes viven de forma independiente, el 23,9 % se encuentra en situación de pobreza.

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El empleo tampoco garantiza la autonomía

El mercado laboral añade otra barrera. La tasa de desempleo entre la población joven analizada por EAPN alcanza el 18,6 %, frente al 10,5 % del conjunto de la población. La temporalidad se sitúa en el 33,7 % y la parcialidad en el 26,3 %, mientras más de una cuarta parte de los jóvenes ocupados desempeña puestos inferiores a su nivel de formación.

El problema deja, por tanto, de limitarse al acceso al empleo y alcanza la calidad y estabilidad de los puestos disponibles. Trabajar permite generar ingresos, aunque un salario insuficiente, una jornada parcial o la sucesión de contratos temporales pueden mantener las dificultades para afrontar un alquiler o planificar gastos a medio plazo.

La situación juvenil se inserta además en un contexto nacional donde 12,6 millones de personas se encontraban en 2025 en riesgo de pobreza o exclusión social. La tasa AROPE española apenas descendió una décima respecto al ejercicio anterior, desde el 25,8 hasta el 25,7 %, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE.

La desigualdad empieza antes de la juventud

EAPN plantea que parte de la vulnerabilidad observada entre los 16 y los 29 años procede de situaciones acumuladas durante etapas anteriores. Crecer en un hogar con ingresos bajos, experimentar inseguridad residencial o disponer de menos oportunidades educativas y sociales puede condicionar posteriormente el acceso al empleo, la vivienda y los recursos económicos.

La organización reclama ampliar el parque público de vivienda asequible, mejorar la calidad del empleo, reforzar la garantía de ingresos y la protección social y facilitar el acceso a atención en salud mental. También pide incorporar a los propios jóvenes al diseño de las políticas destinadas a romper esta transmisión intergeneracional.

«La juventud no es el futuro de la lucha contra la pobreza; es el presente de sus consecuencias. Romper el ciclo de la pobreza exige escuchar a quienes la viven y construir respuestas públicas junto a ellas», sostiene EAPN-ES.

Las cifras describen así un problema que alcanza más allá de la edad de emancipación. Cuando vivienda, empleo e ingresos retrasan durante años la autonomía económica, la juventud deja de funcionar como una etapa de transición y comienza a reproducir desigualdades que pueden acompañar a una persona durante buena parte de su vida adulta.