La muralista gallega transforma una de las paredes exteriores de La Cárcel-Centro de Creación con una mujer, un pájaro y un libro que enlazan la memoria penitenciaria del edificio con su actual uso cultural.
Una joven mira desde el muro mientras un pájaro sostiene en el pico un libro del que nacen ramas y hojas. La imagen ocupa desde este mes de agosto una de las paredes más visibles de La Cárcel-Centro de Creación de Segovia, antigua prisión provincial y durante una etapa Prisión Central de Mujeres, y convierte la propia historia del edificio en el punto de partida de una intervención de la ilustradora y muralista gallega Lidia Cao. La obra quedó terminada a comienzos de agosto después de una semana de trabajo y supone el primer mural de la artista en Castilla y León.
La elección de los elementos responde al pasado del inmueble y a su transformación posterior en espacio cultural. La figura femenina remite a las mujeres que estuvieron recluidas entre estos muros; el pájaro introduce la libertad como contraposición al encierro y el libro conecta la composición con la creación artística que actualmente ocupa las antiguas dependencias penitenciarias.
«Quería cambiar la connotación negativa de este espacio y dar una visión positiva que conviva con los vecinos del barrio», explica Cao sobre una obra concebida expresamente para el edificio y su entorno en San José.

De cárcel de mujeres a centro cultural
El significado del mural parte de una arquitectura que conserva una memoria compleja. La antigua prisión provincial fue construida a finales del siglo XIX bajo la dirección del arquitecto municipal Joaquín de Odriozola. A lo largo de su historia funcionó como Hospital Asilo Penitenciario, Prisión Central de Mujeres y centro de reclusión de numerosos militantes antifranquistas. Permaneció activa como prisión hasta el año 2000 y una década después comenzó su transformación en La Cárcel-Segovia Centro de Creación.
El edificio conserva además un Memorial Democrático instalado en algunas de sus antiguas celdas. La primera fase abrió en 2019 y posteriormente se amplió con nuevos espacios dedicados a documentar y divulgar la represión franquista sufrida por hombres y mujeres encarcelados allí.
La intervención de Cao se sitúa, por tanto, sobre una pared que durante décadas tuvo una función concreta: separar a las personas presas del exterior. Ese antecedente explica el peso que adquiere el pájaro en la composición. La artista lo utiliza como símbolo de aquello que puede superar los límites físicos y lo acompaña de un libro para introducir otra lectura vinculada al presente del edificio.
Del volumen abierto brota vegetación y las ramas se extienden hacia las flores que recorren el mural. La cultura aparece representada de esta forma como una materia capaz de crecer allí donde antes existía una frontera penitenciaria.
Una pared que delimitó una prisión incorpora ahora una mujer, un pájaro y un libro para conectar memoria, libertad y creación.
El rostro femenino vuelve al centro
La protagonista responde también a una constante reconocible en la trayectoria de Lidia Cao. Nacida en Santiago de Compostela en 1997 y formada en Ilustración en la Escola de Arte e Superior de Deseño Pablo Picasso de A Coruña, comenzó a aproximarse al muralismo en 2016 y desde entonces ha desarrollado proyectos en España y en numerosos países.
Los rostros, particularmente los femeninos, ocupan buena parte de sus paredes. Cao trabaja con figuras de gran escala en las que la expresión y la mirada adquieren un protagonismo mayor que la acción. Elementos vegetales, aves y referencias extraídas de la historia o del entorno completan habitualmente las composiciones.
Ese método exige investigar previamente el lugar donde trabaja. La artista ha explicado en otros proyectos que busca elementos específicos de cada territorio para que el mural establezca una relación con quienes van a convivir diariamente con él, en lugar de trasladar una imagen intercambiable de una ciudad a otra.
En Segovia, el punto de partida estaba en la propia función histórica de la pared. El retrato femenino adquiere una lectura distinta al situarse en una antigua cárcel de mujeres, mientras naturaleza y pájaro desplazan la composición hacia el exterior.
Los colores del amanecer y el atardecer
El mural mantiene además la gama cromática que Cao ha utilizado en buena parte de su obra reciente. Dominan los azules combinados con amarillos, naranjas y violetas.
«Son los colores que predominan en el amanecer y el atardecer, colores que evocan un mundo de ensueño», señala la artista.
No es una elección exclusiva de este trabajo. Cao ha relacionado en otras ocasiones el azul y el naranja con esa hora de transición de la luz y con la atmósfera casi irreal que busca trasladar a determinadas composiciones.
La utilización de una gama luminosa establece además un contraste deliberado con el material y la historia del recinto penitenciario. La intervención no oculta el muro ni elimina su condición arquitectónica. Lo utiliza como soporte para superponerle una imagen contemporánea que puede contemplarse desde el barrio sin necesidad de acceder al centro cultural.
Una pequeña casa para cerrar cada mural
En uno de los extremos aparece un elemento mucho más discreto. Cao ha terminado el trabajo con una pequeña casita de pájaros, la firma gráfica que incorpora habitualmente a sus murales y que procede, según ha explicado, de uno de los primeros dibujos que recuerda haber realizado durante su infancia.
El detalle resulta especialmente coherente en esta obra. La casa destinada a las aves aparece en una composición donde otro pájaro representa precisamente la posibilidad de escapar de los límites físicos y transportar un libro hacia el exterior.
Naturaleza, aves y figuras humanas tampoco resultan nuevas en su relación con Segovia. La artista había trabajado ya para la ciudad en 2023, cuando realizó el cartel de las fiestas de San Frutos. En aquella ocasión rejuveneció la representación del patrón segoviano y lo rodeó también de flores y pájaros.
El nuevo mural supone, sin embargo, un cambio de escala. La ilustración deja el soporte gráfico y pasa a ocupar directamente la arquitectura de la ciudad.
El arte urbano cambia también el espectador
A diferencia de una obra situada en una sala de exposiciones, el mural se incorpora a la rutina del barrio. No necesita que el espectador decida entrar en un museo y tampoco selecciona previamente a su público. Se encuentra con quienes pasan diariamente junto al edificio.
Cao ha insistido precisamente en esta dimensión después de terminar la intervención segoviana. Durante la semana de ejecución, vecinos de San José siguieron el crecimiento de la obra y se acercaron a conversar con ella. La artista considera que, una vez concluida, la pieza deja parcialmente de pertenecerle para integrarse en el lugar donde permanece.
Esa relación con el entorno forma parte de la propia naturaleza del muralismo contemporáneo. La pared continúa cumpliendo una función arquitectónica, pero adquiere simultáneamente una presencia narrativa en el espacio público.
En La Cárcel de Segovia esa transformación contiene además una paradoja especialmente visible. El edificio fue concebido para separar y recluir; hoy alberga teatro, música, talleres, exposiciones y creación artística. El mural de Cao no borra ese pasado. Lo utiliza para construir su imagen central.
La mujer permanece junto al antiguo muro. El pájaro puede atravesarlo. Y lo que lleva consigo es un libro.