Cerca de 2,6 millones de niños y adolescentes viven en España en riesgo de pobreza o exclusión social, mientras el gasto medio en libros de texto y uniformes alcanza los 429,28 euros por alumno. Aldeas Infantiles SOS refuerza la atención a 1.807 familias derivadas por los Servicios Sociales desde 30 Centros de Día y cinco Centros de Educación Infantil.

Aldeas Infantiles SOS acompaña a 4.685 niños, niñas y adolescentes y a 1.807 familias derivadas por los Servicios Sociales en España ante el inicio del curso 2026-2027, a través de sus 30 Centros de Día y cinco Centros de Educación Infantil, con el objetivo de reducir una desigualdad educativa que afecta especialmente a los cerca de 2,6 millones de menores que viven en riesgo de pobreza o exclusión social y afrontan una vuelta al cole cuyo coste en libros de texto y uniformes ha alcanzado un nuevo máximo.
El desembolso medio por alumno se sitúa este año en 429,28 euros únicamente para esas dos partidas, frente a los 421,98 euros del curso anterior, lo que supone un incremento interanual del 1,73 %. La cifra deja fuera otros gastos que acompañan al regreso a las aulas, desde material fungible hasta transporte, comedor, dispositivos electrónicos, ropa o actividades complementarias, y adquiere una dimensión distinta cuando se traslada a hogares con escaso margen económico.
La pobreza infantil condiciona el regreso a las aulas
La diferencia parte de una realidad que precede a septiembre. El 33,2 % de los niños, niñas y adolescentes españoles vive en riesgo de pobreza o exclusión social, según los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida correspondientes a 2025 analizados por la Plataforma de Infancia. El porcentaje equivale a cerca de 2,6 millones de menores y mantiene a la infancia como el grupo de edad con mayor exposición a estas situaciones.
El indicador ha mejorado 0,9 puntos porcentuales respecto al ejercicio anterior, con 117.336 menores menos en riesgo de pobreza o exclusión, aunque la distancia respecto a otros grupos de edad continúa siendo considerable. La tasa infantil supera en 7,5 puntos la correspondiente a la población de 18 a 64 años y amplía la diferencia hasta 14,2 puntos frente a las personas mayores de 65 años.
La consecuencia educativa de esa desigualdad desborda la compra inicial de libros o ropa. Los hogares con menos recursos deben distribuir sus ingresos entre vivienda, suministros, alimentación y otros gastos esenciales, a los que se incorporan en septiembre las necesidades escolares. También pueden concurrir dificultades para conciliar los horarios laborales con los familiares o para disponer del tiempo, los conocimientos y los recursos tecnológicos necesarios para acompañar el aprendizaje en casa.
Aldeas Infantiles SOS advierte asimismo de las diferencias en el acceso a actividades deportivas, culturales, educativas y de ocio fuera del horario lectivo. Su ausencia reduce las oportunidades de aprendizaje informal, convivencia y participación social, de manera que la desigualdad económica termina proyectándose sobre ámbitos que intervienen directamente en el desarrollo infantil.
La desigualdad educativa supera el coste de los libros
Las dificultades económicas se reflejan también en la trayectoria escolar. Según la información facilitada por la organización, el alumnado que crece en hogares vulnerables presenta, con carácter general, peores resultados académicos, mayores tasas de absentismo y abandono escolar temprano y una probabilidad superior de repetir curso. El punto de partida económico termina así relacionándose con otros factores educativos, familiares y sociales que pueden acumularse durante años.
“La educación es una poderosa herramienta para prevenir la exclusión social y favorecer la plena integración de los niños y niñas en la sociedad. Por ello, es necesario garantizar la igualdad de oportunidades en su acceso”, señalan desde Aldeas Infantiles SOS.
Ese planteamiento explica que la intervención de la entidad durante la vuelta al colegio abarque tanto las necesidades materiales inmediatas como el acompañamiento educativo y familiar durante el resto del curso. La organización trabaja con menores derivados por los Servicios Sociales y con sus familias para evitar que la falta de recursos económicos se transforme también en una pérdida de oportunidades educativas.
Los Centros de Día atienden a 4.452 menores
El grueso de esta intervención se desarrolla desde 30 Centros de Día, donde Aldeas Infantiles SOS atiende a 4.452 niños, niñas y adolescentes y presta apoyo a 1.605 familias. Los centros se distribuyen entre Cataluña, con cuatro; Galicia, con cuatro; Comunidad de Madrid, con tres; Andalucía, con seis; Castilla-La Mancha, con uno; Aragón, con dos; Canarias, con siete; Comunidad Valenciana, Principado de Asturias e Islas Baleares, con uno en cada territorio.
Los Centros de Día forman parte de los programas de prevención y fortalecimiento familiar de la organización y trabajan con menores y familias que atraviesan situaciones de riesgo, exclusión o vulnerabilidad social. La intervención combina el ámbito educativo con el familiar y comunitario para reforzar las condiciones en las que se desarrolla el niño más allá del horario escolar.
Al comienzo del curso, esa atención incluye material escolar, libros de texto, ropa, calzado y productos de higiene. Cuando la situación familiar lo requiere, la entidad proporciona también alimentos mediante entrega directa, ayudas económicas o los comedores disponibles en algunos de sus centros, además de otros artículos de primera necesidad.
El apoyo continúa cuando termina septiembre
La vuelta al cole concentra una parte del gasto en pocas semanas, pero las necesidades educativas se prolongan durante los nueve meses siguientes. Por las tardes, los menores atendidos en los Centros de Día disponen de refuerzo académico, acceso a dispositivos digitales y acompañamiento educativo, junto con meriendas, talleres, actividades lúdicas y deportivas y salidas culturales.
El trabajo incorpora además la atención a la salud mental de niños y adolescentes como uno de los ámbitos prioritarios. La intervención pretende abordar conjuntamente factores académicos, emocionales y sociales que pueden afectar a la evolución escolar y que difícilmente pueden analizarse de manera aislada cuando existen situaciones familiares de vulnerabilidad.
La estructura de los centros responde a esa perspectiva multidisciplinar. Educadores, profesionales del trabajo social, psicólogos y pedagogos participan en los programas junto con personal voluntario y mantienen coordinación con centros educativos, terapeutas y Servicios Sociales. Esa cooperación permite relacionar el rendimiento en el aula con las circunstancias familiares y sociales que pueden estar condicionándolo.
Las familias también forman parte de la intervención
Mientras la actividad con niños y adolescentes se concentra fundamentalmente por las tardes, el trabajo con las familias se desarrolla también durante la mañana. Aldeas Infantiles SOS aborda las habilidades parentales y ofrece formación en materias como alfabetización digital y búsqueda de empleo, dentro de una intervención que trata de fortalecer las capacidades del hogar y ampliar su autonomía.
Esta dimensión resulta relevante porque la brecha educativa puede estar asociada tanto a la disponibilidad de recursos materiales como a las posibilidades reales de acompañar el proceso escolar. Las jornadas laborales, la precariedad, las dificultades de conciliación o la falta de competencias digitales pueden limitar ese seguimiento incluso cuando existe una implicación directa de las familias en la educación de sus hijos.
La actuación de los Centros de Día busca, por este motivo, conectar el apoyo académico con las condiciones del entorno familiar. La intervención se mantiene durante el curso y convierte la ayuda vinculada al inicio de las clases en una actuación continuada que incorpora educación, cobertura de necesidades básicas, acompañamiento social y fortalecimiento familiar.
La educación infantil interviene desde los primeros años
A los Centros de Día se suman los cinco Centros de Educación Infantil que Aldeas Infantiles SOS mantiene en Cuenca, Granada, San Lorenzo de El Escorial, Santa Cruz de Tenerife y Zaragoza. En ellos atiende a 233 niños y niñas de cero a tres años y presta apoyo a 202 familias, con lo que la cobertura conjunta de ambos programas alcanza los 4.685 menores y 1.807 hogares.
Los centros escolarizan tanto a hijos de familias que necesitan compatibilizar el trabajo con los cuidados como a menores derivados por los Servicios Sociales debido a situaciones de vulnerabilidad. La convivencia de niños procedentes de distintos entornos socioeconómicos forma parte del modelo de atención y permite desarrollar la primera etapa educativa en espacios compartidos.
La intervención incorpora también el trabajo con madres, padres y otros responsables familiares mediante pautas de crianza positiva y actuaciones relacionadas con alimentación, descanso, corresponsabilidad en los cuidados y ocio saludable. La educación durante los primeros años se plantea, de esta forma, junto a un acompañamiento de las condiciones familiares que rodean el desarrollo infantil.
El ciclo de cero a tres años actúa sobre la desigualdad de partida
La etapa de cero a tres años concentra procesos fundamentales del desarrollo intelectual, físico, psicomotor, emocional y social que continuarán durante el segundo ciclo de Educación Infantil. Para los menores que crecen en hogares vulnerables, el acceso temprano a recursos educativos añade además una función compensadora al proporcionar estímulos, rutinas y acompañamiento profesional desde los primeros años.
Los cinco centros de Aldeas Infantiles SOS trabajan con un proyecto educativo basado en las inteligencias múltiples, la disciplina positiva y la estimulación multisensorial, con una atención adaptada a las necesidades de cada niño. Al mismo tiempo, la intervención con las familias trata de consolidar hábitos y capacidades que puedan mantenerse fuera del aula.
La desigualdad educativa aparece así antes de que comiencen los aprendizajes reglados y continúa mucho después de la compra de los primeros libros de septiembre. En el curso 2026-2027, el récord de 429,28 euros de gasto medio en libros y uniformes vuelve a situar la capacidad económica de los hogares en el comienzo del calendario escolar, mientras 2,6 millones de menores llegan a ese punto desde una situación previa de pobreza o exclusión social.