El 43 % evita destinos cuyo nombre no sabe pronunciar

Gdansk

Una encuesta revela que la inseguridad lingüística condiciona la elección del viaje desde la búsqueda inicial y afecta especialmente a la generación Z.

El 43 % de los viajeros españoles reconoce que puede evitar la reserva de un destino cuando desconoce cómo se pronuncia su nombre, mientras que el 41 % llega a descartarlo antes incluso de buscar información, según un estudio difundido este 27 de julio que analiza la influencia de la inseguridad lingüística en la planificación de los desplazamientos.

La dificultad alcanza tanto a ciudades extranjeras, como Liubliana o Gdansk, como a localidades españolas con nombres procedentes del euskera, el catalán o el gallego. San Juan de Gaztelugatxe encabeza la clasificación nacional, al ser señalado por el 28 % de las personas consultadas.

La pronunciación condiciona la planificación del viaje

El nombre del destino interviene en una fase muy temprana de la elección turística. Antes de comparar precios, alojamientos o conexiones, parte de los encuestados afirma experimentar dudas ante topónimos que considera complejos, una percepción que puede frenar la búsqueda y reducir las posibilidades de completar la reserva.

La encuesta identifica una diferencia entre el interés por conocer un lugar y la seguridad necesaria para organizar el desplazamiento. El 80 % de los participantes se muestra dispuesto a visitar destinos cuyos nombres desconoce cómo pronunciar, pero una proporción considerable encuentra obstáculos durante la consulta de información o la contratación del viaje.

El dato indica que la principal barrera se concentra en el proceso previo y no necesariamente en el rechazo al lugar. La necesidad de escribir el nombre, comentarlo con otras personas o utilizarlo durante una conversación puede introducir una dificultad añadida en una planificación ya condicionada por factores económicos, logísticos y temporales.

Liubliana

Gaztelugatxe encabeza las dificultades en España

San Juan de Gaztelugatxe es el enclave español cuya pronunciación plantea más problemas, según el 28 % de las respuestas. Le siguen Sant Feliu de Guíxols, citado por el 16 %; Vilanova i la Geltrú, por el 12 %; Pollença, por el 11 %, y Zarautz, por el 9 %.

Los resultados reflejan la diversidad lingüística de la toponimia española. Los sonidos, grafías y reglas de acentuación propias de las distintas lenguas pueden resultar poco familiares para quienes no mantienen un contacto habitual con ellas, incluso cuando los destinos se encuentran dentro del territorio nacional.

En el ámbito internacional, Liubliana aparece entre los nombres más complejos para el 24 % de los viajeros españoles, mientras que Gdansk alcanza el 20 %. La distancia entre la escritura y la pronunciación esperada explica parte de las dudas ante topónimos procedentes de sistemas lingüísticos diferentes.

Miedo al error y a la vergüenza

La inseguridad no responde únicamente al desconocimiento fonético. Entre las personas afectadas, el 17 % menciona el temor a equivocarse, el 15 % teme parecer maleducado y el 14 % señala la posibilidad de pasar vergüenza.

Otro 14 % asocia los nombres difíciles de pronunciar con destinos aparentemente más complejos o estresantes. Esta relación muestra cómo una dificultad lingüística puede extenderse a la percepción general del viaje y generar una imagen de menor accesibilidad antes de conocer sus condiciones reales.

La pronunciación funciona así como una señal subjetiva sobre la familiaridad del lugar. Un nombre reconocible puede transmitir cercanía, mientras que una denominación desconocida exige un esfuerzo adicional de búsqueda y aprendizaje.

La barrera continúa durante la estancia

Las dudas lingüísticas también influyen en las decisiones adoptadas una vez iniciado el viaje. El 30 % de los españoles consultados afirma haber evitado pedir un plato en el extranjero porque desconocía cómo pronunciar su nombre.

El cacciucco, una preparación italiana de pescado y marisco, es considerado el plato más difícil de pronunciar por el 30 % de los participantes. Le siguen el htipiti, con un 23 %, y el tzatziki, con un 19 %.

La elección gastronómica reproduce de este modo el mismo mecanismo detectado en la planificación turística. La inseguridad ante una palabra desconocida puede llevar al viajero a elegir una alternativa más familiar, aunque inicialmente tuviera interés en probar la especialidad local.

La generación Z encuentra más obstáculos

Las diferencias por edad son especialmente visibles entre las personas de 18 a 29 años. El 53 % de la generación Z afirma que la dificultad para pronunciar un destino puede impedirle buscarlo, doce puntos por encima del 41 % registrado entre los mileniales.

El 48 % reconoce además que esta inseguridad puede frenar la reserva, frente al 43 % de la generación inmediatamente anterior. Solo el 24 % de los integrantes de la generación Z considera sencillos todos los destinos españoles incluidos en la encuesta, porcentaje que asciende al 68 % entre los boomers.

Sin embargo, esta mayor dificultad no se traduce en un menor deseo de viajar. El 78 % de los encuestados más jóvenes visitaría un lugar aunque desconociera la pronunciación correcta de su nombre, un resultado próximo al promedio nacional del 80 %.

Mayor disposición para aprender

La generación Z presenta también la mayor voluntad de mejorar su pronunciación antes de desplazarse. El 60 % afirma que intenta prepararse de forma activa, seis puntos por encima de la media del conjunto de participantes, situada en el 54 %.

Esta combinación de inseguridad y predisposición al aprendizaje sugiere que los viajeros más jóvenes recurren a herramientas digitales para reducir las dudas durante la planificación. Su relación habitual con buscadores, asistentes virtuales y redes sociales facilita el acceso inmediato a ejemplos de pronunciación.

El conocimiento previo de la sílaba tónica y de los sonidos propios de cada idioma puede resultar suficiente para afrontar una conversación básica. La comprensión del interlocutor depende con frecuencia más del ritmo y de la acentuación que de una reproducción fonética exacta.

La inteligencia artificial lidera las consultas

El 42 % de los viajeros españoles recurre a herramientas de inteligencia artificial y motores de búsqueda cuando necesita comprobar la pronunciación de un destino. Esta opción supera a las consultas realizadas a amigos y familiares, utilizadas por el 26 %, y a los vídeos de YouTube, empleados por el 21 %.

Solo el 13 % acude a profesionales relacionados con el turismo. La consulta digital se ha convertido, por tanto, en la vía principal para escuchar un topónimo, dividirlo en sílabas o conocer las diferencias entre su escritura y su pronunciación.

Entre la generación Z, las redes sociales adquieren una relevancia mayor. El 34 % emplea plataformas como TikTok o Instagram para aprender a decir los nombres de los lugares, frente al promedio nacional del 19 %.

La acentuación facilita la comprensión

Los problemas de pronunciación suelen surgir cuando una palabra extranjera se interpreta con las reglas fonéticas del idioma propio. Una misma letra puede representar sonidos diferentes según la lengua, por lo que leer el topónimo tal y como se haría en castellano puede alejarlo de su forma original.

La identificación de la sílaba tónica constituye otra herramienta útil. Una acentuación correcta facilita que el interlocutor reconozca el nombre, aunque algunos sonidos no se reproduzcan con precisión.

Los recursos de escucha, los diccionarios digitales y las herramientas lingüísticas permiten comprobar estas particularidades antes de viajar. La finalidad práctica no consiste en lograr una pronunciación perfecta, sino en adquirir la seguridad suficiente para preguntar, reservar o participar en una conversación.